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Cuenta una historia que, mientras visitaba a una vecina, una madre permitió que su hijo de seis años saliese a jugar a la calle. Después de un momento fue a ver lo que hacía el niño. Allí cerca se hallaba un pintor que trabajaba sobre elevados andamios y, aterrada, observó la señora que su hijo se había subido hasta el último peldaño de la escalera.
- ¡Bájate, Enrique! – gritó desaforadamente y su voz alarmó al niño, quien rápidamente miró hacia abajo, lleno de terror.El pintor, dándose cuenta de lo que acontecía, con voz reposada calmó a la madre exclamando:
- El pequeño está bien, yo me hago cargo de él.Al niño le dijo:
- Escúchame amiguito: mira hacia arriba y sube hasta donde estoy.El niño levantó los ojos, sonrió, y llegó sano y salvo con el pintor, quien tomándolo en brazos descendió con él cuidadosamente y lo entregó a la madre atribulada.
A todos nos pasa que cuando estamos en una situación complicada tendemos a mirar abajo, a las circunstancias, nuestros defectos y las todas las cosas adversas que nos rodean, cuando en realidad deberíamos levantar la vista y fijar la mirada en Dios.
Siempre que se va escalar o trabajar en altura, una de las recomendaciones que se da es la de no mirar hacia abajo, esto porque el vértigo, que es una sensación ficticia por una alteración en el oído o el sistema nervioso central, hace que sintamos que las cosas alrededor nuestro se están moviendo o, inclusive, podemos sentir que somos nosotros los que estamos dando vueltas o flotando; este desequilibrio puede hacer que caigamos si no cambiamos nuestra mirada.
Esa misma sensación experimentamos cuando estamos con problemas y nos sentimos agobiados, por eso mismo mirar hacia arriba siempre será lo mejor, el cambio de dirección de nuestra mirada nos mantendrá a salvo.
“Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida”. Salmos 121: 2,3 (NVI)
Dios no permitirá que nos lastimemos, sino que nos tomará entre sus brazos con amor y nos conducirá a un lugar seguro. ¡Mantén fija tu mirada en Dios, Él cuida de ti! Ana María Frege Issa
En los restaurantes más lujosos del mundo, muchos cocineros intervienen en la elaboración de un delicioso plato de comida, esto con el fin de sorprender al comensal. En la preparación se utilizan los mejores ingredientes, los utensilios adecuados y se le dedica el tiempo que necesita.
Cuando todo ya está cocido viene lo más importante: el montaje y la presentación del plato elaborado para asombrar al cliente y, para esto, un cocinero necesita tomar en cuenta lo siguiente: Leer libros relacionados a la cocina, saber lo básico de cómo montar un plato, necesita practicar la presentación de la comida, no sobrecargar el plato y fundamentar la razón del montaje.
Todo creyente es como un cocinero que debe saber cómo presentar el evangelio a las personas para sorprenderlas, tenemos que estar a la altura del mensaje que vamos a dar a quien lo necesita y para esto requerimos: Leer y tener conocimiento de la Biblia, poner en práctica lo que Dios nos enseña en su palabra, no debemos aparentar algo que no somos, debemos estar seguros de lo que vamos a dar a conocer y pedir la guía del Espíritu Santo.
Dios nos ha escogido para que podamos llevar su palabra a todo lugar, las buenas nuevas deben ser presentadas de la mejor manera. Aun así, no debemos olvidar que lo esencial es el amor por el perdido para que pueda encontrar paz y la salvación para su alma, esto es como saciar el apetito con un delicioso plato de comida.
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Marcos 16:15 (RVR1960) Miguel Ángel Veizaga
En la vida enfrentamos episodios que traen preocupación y tristeza por lo que no tenemos fuerzas para cantar, ni deseos de contentarnos. Así se encontraba el pueblo de Dios:Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: cantadnos algunos de los cánticos de Sion. ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños? Salmos 137:1-4El pueblo del Señor se encontraba en una situación preocupante, fue llevado cautivo a Babilonia, estaban tristes, recodaban sus hogares, el pasado, el tiempo de felicidad que tuvieron y lloraban. Los que los sometieron les pidieron que cantasen, pero ellos habían colgado sus arpas.Es fácil criticar y decir: “¡Que canten si tienen a Dios!” Esas personas se parecen al ladrón que crucificado a lado de Jesús decía: “si eres hijo de Dios sálvate tú”. No tenemos un corazón de piedra y la realidad es que a veces podemos sentirnos tristes o preocupados hasta que Dios pone un cántico nuevo en nosotros.Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová. Salmos 40:1-3El salmista nos enseña una gran lección, en el tiempo de desesperación se tiene que clamar a Dios y esperar pacientemente la respuesta.Si te encuentras triste o preocupado te animo a clamar y esperar en Dios, orando y estudiando su palabra, porque sólo Él te sacará del pozo de la desesperación y te pondrá en el camino indicado. Las personas que te vean temerán y confiarán en Dios por lo que hace en tu vida y porque a pesar de la aflicción tienes una nueva esperanza, un cántico nuevo.¡Búscalo, entrégale tus cargas y empieza a cantar! Shirley Chambi
1 Samuel 10:10-12 dice: “Después, cuando Saúl y su criado llegaron a Guibeá, el grupo de profetas en trance les salió al encuentro. Entonces el espíritu de Dios se apoderó de Saúl, y éste cayó en trance profético, como ellos. Pero todos los que lo conocían de antes, al verlo caer en trance junto con los profetas, se decían unos a otros: ¿Qué le ha pasado al hijo de Quis? ¿También Saúl es uno de los profetas?...” Versión Dios Habla Hoy
Estos versículos narran la manera en la que empezó el ministerio y reinado de Saúl como rey escogido de Dios para su pueblo. A partir de ese momento, aquel muchacho que fue enviado a buscar un asno perdido se convertiría en alguien diferente, de hecho el verso 6 dice que fue mudado a otro hombre.
Dios estaba confirmando su llamado con prodigios y milagros. Sin embargo, no todo terminaría bien.
1 Samuel 31:3-5 dice: “Luego concentraron todo su ataque sobre Saúl; y como los arqueros lograron alcanzarlo con sus flechas, le entró mucho miedo de ellos. Por lo tanto, le dijo a su ayudante de armas: Saca tu espada y atraviésame con ella, para que no vengan estos paganos y sean ellos quienes me maten y se diviertan conmigo. Pero su ayudante no quiso hacerlo, porque tenía mucho miedo. Entonces Saúl tomó su espada y se dejó caer sobre ella. Y cuando su ayudante vio que Saúl había muerto, también él se dejó caer sobre su propia espada y murió con él.”
¿No parece esta una de las historias más tristes que podemos encontrar en la Biblia? ¿Cómo un hombre que empezó con una unción tan poderosa y que además estaba respaldado por Dios para vencer a sus enemigos pudo haber terminado suicidándose? ¿Qué fue lo que pasó?
Aunque sólo estamos viendo el inicio y el final de la vida del primer rey de Israel, al leer la historia completa podemos ver que al medio hubo muchas malas decisiones que le hicieron apartarse de Dios. No sólo podemos puntualizar su desobediencia, sino también su falta de arrepentimiento y sus celos desmedidos por David que lo llevaron a cometer atrocidades.
De esta historia podemos comprender que el inicio de algo en la vida de cualquier persona no necesariamente representa su final: hoy podemos ver matrimonios que empiezan felices y lamentablemente terminan en divorcio, negocios que parecen prósperos y con el tiempo tienen un declive, ministerios que se levantan innovadores pero que luego se disuelven rápida y misteriosamente, etc.
Es verdad que existen circunstancias que uno no puede controlar, pero sí hay situaciones que están en nuestras manos y debemos ser responsables con lo que nos toca hacer.
Deuteronomio 10:12-13 dice: “Y ahora, israelitas, ¿Qué pide de ustedes el Señor su Dios? Solamente que lo honren y sigan todos sus caminos; que lo amen y lo adoren con todo su corazón y con toda su alma, y que cumplan sus mandamientos y sus leyes, para que les vaya bien.” Versión Dios Habla Hoy
El inicio por muy bueno que sea no es garantía de nada, uno debe trabajar todos los días para mantener su familia unida, su negocio solvente, su ministerio bajo la guía de Dios, etc. Es un trabajo constante. Héctor Colque
Entonces María tomó un frasco con casi medio litro de un costoso perfume preparado con esencia de nardo, le ungió los pies a Jesús y los secó con sus propios cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume. Juan 12:3 (TLA)
Estaban Jesús y sus discípulos sentados en la mesa, le acompañaba su buen amigo Lázaro a quien Jesús lo había resucitado y sus dos hermanas: Marta servía como de costumbre, pero María, ¿Dónde estaba María? Ella estaba ocupada preparando algo especial para su Señor, se trataba de un perfume muy valioso y costoso que en el momento preciso decidió derramarlo a los pies de Cristo, lo enjugó con sus cabellos sin importar la crítica que recibiría de los demás y la casa se llenó del olor del perfume.
Muchos se preguntarían diciendo: si el perfume era demasiado costoso entonces ¿Por qué lo derramo? Lo hizo porque tenía un corazón adorador y lleno de gratitud a Dios por el sentido que la había dado a su vida; porque cuando María conoció al Señor se dio cuenta que nada tenía más valor que rendir su vida a Cristo y experimentar su amor, lo cual la llevó a pensar que ni aun su propia vida lo era todo.
Tal vez para la sociedad las posesiones materiales, los grandes logros y aún la vida misma es lo más valioso que podrían considerar como un perfume, pero para ti ¿cuál es tu perfume? ¿Qué es aquello que estas dispuesto a ofrecer a Dios? María no se reservó nada para ella misma, cuando ella decidió verter el perfume a los pies de Cristo, lo derramó todo. No pensaba en los discípulos, ni en su hermano Lázaro ni en su hermana Marta. Sólo Jesús llenaba su corazón de agradecimiento y de adoración. “Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros. Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos” (Salmo 45:7-8)
Si hoy decides ofrecer a Dios tu vida, tu tiempo, tu talento, tus capacidades y todo lo que es valioso para ti, hazlo en forma completa, porque Él no pide una parte de ti solamente, demanda todo tú ser. Por lo tanto, ser un discípulo de Cristo implica negarse a uno mismo y renunciar a todo aquello que es un obstáculo, no importa si la gente a tu alrededor levanta su mano para criticarte, Él Señor está contigo para defenderte. Él defendió a María y dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. (Mateo 14:6). ¿Quién no estaría tranquilo con esas palabras?
Este es el mejor tiempo para derramar tu perfume a los pies de Cristo y Él permitirá que su olor fragante no pase desapercibido. Ruth Mamani
Cuando David escribió este salmo, todo aparentaba estar bajo control. Los filisteos, sus persistentes enemigos no representaban una amenaza, al menos para este tiempo y hasta Absalón, el hijo que se le había revelado, ya había muerto. David sentía que todo marchaba bien, lo cual lo llevó a afirmar: “En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido” (Salmo 30:6). Y sentía el respaldo de Dios en su vida y en todo lo que emprendiera; "Porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte.” (V. 7). Sin embargo pareciera esbozar un sentimiento de insatisfacción que nos muestra que no todo era color de rosa en su vida: David dice: “Escondiste tu rostro fui turbado” (v.7). Aquí vemos como David pese a disfrutar de paz y prosperidad no podía estar plenamente feliz debido a que Dios escondió su rostro de Él y esto evidentemente lo tenía mal. Creo que en esto podemos ver algo de ese corazón conforme al corazón de Dios del que nos habla la Biblia. David quería agradar al Señor con toda su vida y para él esto era tan importante que nada de lo que tenía o había conseguido tenía sentido si Dios apartaba su rostro de él.
Pero, ¿Cuál habrá sido la causa por la que Dios apartó su rostro?. Quizás David se enamoró de la prosperidad y de ese tiempo de calma y bienestar pudiendo haber quitado el enfoque en Dios para ponerlo en las riquezas. O también es posible que, por sus muchas ocupaciones o simplemente por relajarse ante un entorno que en ese momento le era favorable, haya descuidado su relación con Dios y ya no lo buscaba tanto como antes. De todas maneras, David, pese a tenerlo todo se encontraba turbado y en esto nos da un verdadero ejemplo de un siervo de Dios. Entonces clamó y suplicó a Jehová (V. 8) pidiendo misericordia (v. 10). Entonces Dios cambia su lamento en baile, quita su aflicción y le devuelve el gozo por eso David quiere agradecer a Dios por todas sus maravillas, alabarle y darle gloria, por siempre.
A menudo nos pasa, que en los tiempos en que todo parece tranquilo y los problemas que nos acosaban pasan a ser simplemente un mal recuerdo, nos relajamos pensando que nos podremos quedar en ese estado para siempre. Nos sentimos bien, disfrutando de la última victoria en el Señor, pero quizás corremos el riesgo de enamorarnos de ella y sacar la mirada del dador de la bendición. Entonces muy pronto desaparece ese fervor que caracterizaba nuestras oraciones cuando estábamos en medio de problemas y todo se va haciendo más superficial. Pareciera que el mismo David experimentó esta clase de dificultades. Aunque todo parecía estar bien, seguramente él sentía que algo faltaba lo cual no le permitía disfrutar plenamente. Entonces clamó a Dios por su misericordia y Él le restauró el gozo.
Si tu vida espiritual se ha vuelto rutinaria, si te encuentras pasando esos momentos donde como respuesta a tus oraciones solo encuentras el silencio de Dios, clama una vez más como lo hizo David y con todo tu corazón para que seas completamente restaurado. Daniel Zangaro
Konrad Lorenz, naturalista europeo, cuenta que estuvo vigilando en un parque zoológico una lucha entre dos lobos que parecía mortal.
Finalmente, el mayor y más experimentado de los contendientes prevaleció y llevó a su oponente contra la reja donde podía hacer con él como quisiera. En ese momento el señor Lorenz observó un rasgo que él cree ha sido el medio otorgando por la Dios para evitar la extinción de muchas especies de animales. Abandonando la lucha el más pequeño de los lobos dio vuelta a su cabeza, exponiendo las partes vitales de su cuello a las fauces del lobo victorioso.
Los dos permanecieron como estatuas en esta posición por unos momentos, y entonces el vencedor dio media vuelta. “Debe ser un instinto implantado en la naturaleza de las fieras lo que impide al vencedor destruir al vencido cuando este se rinde voluntariamente”, declara el señor Lorenz.
La mansedumbre debería mover más fácilmente el corazón de un ser humano que el de un lobo aunque a veces no es así. En Mateo 11:21 Jesús nos invita ser mansos y humildes para poder hallar descanso para nuestras almas: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (NTV)
Como humanos siempre queremos estar en lo cierto y ganar todas las discusiones o problemas que tengamos con los demás. Nuestro orgullo hace que prefiramos perder amistades o familia antes de ceder, creemos que tener la razón lo es todo y sacrificamos nuestra paz interior además de nuestra relación con las personas que amamos.
“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” Romanos 12:17-19 (RVR 1960)
Olvida la ofensa, da un paso al costado y permite que Dios tome el control de la situación, Él es Juez Justo y tiene cuidado de sus hijos. En cuanto dependa de ti busca la paz. Ana María Frege Issa