lunes, 30 de abril de 2012
ACERCANDOME AL REY
Un Regalo Especial
Desde la muerte de su padre tres años antes, la familia de Roberto había luchado por subsistir. A pesar de los esfuerzos de su mamá, nunca había suficiente para todos. La pobre mujer trabajaba el turno de la noche en el hospital, pero lo poco que ganaba no le alcanzaba para más que lo estrictamente necesario.
Lo que le faltaba en lo material a la familia de Roberto, lo compensaba en amor y unidad familiar. Tanto sus dos hermanas mayores como su hermana menor ya le habían hecho a su mamá un lindo regalo de Navidad.
«No era justo», pensaba Roberto, que tenía apenas seis años de edad. Ya era Nochebuena, y él no tenía absolutamente nada que darle a su mamá.
Procurando contener las lágrimas, se encaminó hacia la calle donde él había visto tiendas. Pasó por una tienda tras otra y contempló las vidrieras decoradas. Cada una mostraba regalos que él jamás podría comprar.
Al caer la noche, Roberto se dio vuelta, cabizbajo, para volver a casa, y notó de pronto el reflejo del sol poniente en una moneda que brillaba en la acera.
¡Nadie jamás se sintió tan rico como Roberto al recoger esa moneda!
Con su nuevo tesoro en la mano, entró alegre en la primera tienda que vio. Pero su ánimo decayó tan pronto como el vendedor le explicó que allí no podía comprar nada con una sola moneda.
Así que fue a una florería que vio en frente, e hizo cola detrás de unos clientes. Cuando le llegó el turno a Roberto, el dueño del establecimiento le preguntó.
—¿En qué puedo servirle, jovencito?
Roberto le mostró la moneda y le preguntó si eso le alcanzaba para comprar una flor para su mamá como regalo de Navidad. El comerciante lo miró con ternura, se agachó para estar a su nivel y le dijo:
—Espera aquí un momento, que voy a ir a ver si hay algo que pueda servirte.
Ante el asombro de Roberto, el dueño regresó al rato con una docena de rosas rojas con hojas verdes y florecitas blancas atadas con un lindo lazo plateado.
—Ahora sí me puedes dar la moneda que tienes en la mano, jovencito —le dijo el hombre—. Imagínate que tenía estas rosas a un precio rebajado, ¡la docena por una sola moneda! ¡Menos mal que llegaste a tiempo para comprarlas; si no, nadie hubiera aprovechado esta magnífica oferta!
Roberto le dio las gracias y le pagó, dando saltos de alegría por dentro. El hombre le abrió la puerta y, mientras el emocionado niño salía con su docena de rosas, le dijo: «¡Feliz Navidad, hijo!»
Más tarde el conmovido dueño le contó a su esposa lo sucedido:
—Esta mañana, antes de abrir el local, percibí como que una voz me decía que apartara una docena de mis mejores rosas para un regalo especial. No sabía por qué, pero lo hice. Luego, antes de cerrar, un niño entró con la intención de comprarle a su mamá una flor con una sola monedita. Ese niño era como yo hace muchos años. Yo tampoco tenía nada con qué comprarle un regalo de Navidad a mi madre. Pero un desconocido me vio en la calle y me dijo que sentía que debía darme dinero. ¡Era más que suficiente para comprarle un regalo a mamá!
»Cuando vi a ese niño esta noche, supe de Quién era esa voz, así que fui y le arreglé aquellas rosas.
Lo cierto es que el dueño de aquella florería las estaba arreglando para Jesucristo mismo, el que cumplía años. Pues fue Cristo quien dijo:
«Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí.» Mateo 25:1.
Hermano Pablo.
domingo, 29 de abril de 2012
Agradeciendo por mis dificultades!
Cuando me diagnosticaron por primera vez la diabetes en el año 2000, estaba convencida que los medicamentos me curarían. Esta, después de todo, era la era de la tecnología y las drogas milagrosas.
No conté con mi aumento de peso ni me enteré que, al verse afectado mi sistema inmunológico, fuese diagnosticada con artritis. Para la primavera de 2004 me forcé a mí misma a ir al médico con la peor infección respiratoria de mi vida. Melancólicamente, seguí repitiéndome a mí misma: “los diabéticos son seis veces más propensos a morir de un resfriado”. Para cuando puse mi pie en la balanza del médico, estaba tan enferma que la muerte sería la buena noticia.
Entonces noté mi peso. ¡Pesaba 196 libras! ¡Estaba a cuatro libras de llegar a ser mi abuela.
Mi doctor me cargó con un suministro de dos semanas de antibióticos, una botella de “prednisone” y entonces abandonó su puesto. Ahora tenía que buscar otro médico.
¡Qué bien! Estaba aterrada, pero a pesar de mis temores, mi búsqueda resultó una de las mayores bendiciones de mi vida.
A través de las conexiones familiares y mucha oración, hallé a mi doctor, una holandesa de habla suave, que no veía mi condición médica como una sentencia de muerte.
Ella visualizó mi condición como un punto de partida para una mejor salud. Estuvo abierta a métodos alternos para el control de la diábetes. Fue compasiva, profunda, y entusiasta sobre mi plan de ejercicios y una dieta de bajas calorías. “Usted puede lograrlo”, me aseguró, y yo le creí.
Me fui a casa y comencé a examinarme el corazón. ¿Creo que mi vida y mi cuerpo son dones de Dios? ¿Creo que tengo una responsabilidad por mi propia salud?
¿Creo que la única manera de agradecerle a Dios por esta vida es honrar Su don? ¿Le debo a mis hijos una madre? ¿Quiero envejecer con el amor de mi vida? Mi respuesta entonces y ahora ¡es un resonante sí!
Hace un año, celebré mi cumpleaños cincuenta y ocho comprando una caminadora motorizada. Comencé una dieta saludable baja en carbohidratos de vegetales y frutas. Para fines del primer mes había avanzado de unos pasos a media milla ¡y había perdido seis libras!
Mi paladar se hizo más sensible y comencé a notar el sabor único de las comidas frescas. Una manzana y un par de cucharaditas de mantequilla de maní se tornaron una delicia para mí. Sin agregar azúcar descubrí que me encantaba el verdadero sabor de la zarzamora y del arándano.
Fue sorprendente cuán rápidamente me adapté a mi nuevo estilo de vida saludable. Gracias a Dios, tomé mi decisión al comienzo del movimiento de bajos carbohidratos
He descubierto deliciosos alimentos con bajos carbohidratos, justo en mi abarrotería local. Hasta puedo convidarme a mí misma a comer pan, budines y mi favorita personal, leche achocolatada, con bajos carbohidratos. Me consagré a reinventar mis recetas favoritas, creando saludables delicias con bajos carbohidratos, como panecillos y crepes de soya, ¡que saben como los originales!
En tan sólo unos cuantos meses, caminaba una milla diaria en mi caminadora. Naturalmente impaciente, me fue difícil caminar en mi lugar por una media hora completa con sólo mis pensamientos para entretenerme. Por lo tanto, decidí separar aquel tiempo para adorar.
Mientras escucho mis himnos favoritos, le agradezco a Dios por cada buena dádiva en mi vida. Me he sorprendido al descubrirme a mí misma agradeciéndole también por mis dificultades, que han creado en mí una terca perseverancia y fortaleza.
En poco más de un año, he perdido cuarenta libras y cuatro números de vestimenta, ¡y sigo perdiendo! Pruebo el azúcar en mi sangre frecuentemente durante el día, especialmente antes y después del ejercicio.
Hace un año me quitaron todo medicamento para la diábetes y, el azúcar en mi sangre, en mi cumpleaños cincuenta y nueve, permanece felizmente bajo control. Mi artritis es menos dolorosa, y estoy practicando la jardinería de nuevo.
Mi sistema inmunológico otrora falluco se ha rejuvenecido. Me defiendo de la infección y la enfermedad, ¡y tengo más energía que la que había tenido en años!
C Jaye Lewis
No te des por vencido o vencida. Dios te ama y te ha convertido en un regalo para los tuyos. Cuida tu vida y tu cuerpo por amor a Dios, a ti mismo y a los tuyos.
Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Romanos 12:1
sábado, 28 de abril de 2012
Hoy… Disfrutaré De Uno de los Más Grandes Regalos
“El Señor es tardo para la ira y grande en misericordia, perdona la maldad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable, pues castiga el pecado de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación”. Números 14:18.
El perdón de Dios es uno de los regalos más grandes de la vida que una persona pueda recibir de Dios.
Mientras consideras todos los principios que aprendiste en este capítulo, trae voluntariamente tus
errores y fallas, tus pecados, a nuestro amoroso Padre celestial y pídele Su regalo de perdón que te ayude a reordenar tu vida de acuerdo con el designio asombroso para el cual Él te creó. ¡Estarás contento de haberlo hecho!
Utiliza la siguiente oración para hacer de nuevo tu compromiso con Dios:
Amado Padre Celestial, estoy haciendo esto; está mal, y no quiero seguir haciéndolo. Quiero vivir de otra forma. Líbrame de las cosas de mi vida diaria que no se ajusten a Tus caminos. Gracias por darme la oportunidad de quedarme en Tu camino y por reordenar mi vida de acuerdo a Tu plan original, sin importar lo que yo haya hecho.
Reconozco abiertamente los aspectos en los que me he permitido alejarme de Tu camino. He hecho y dicho cosas malas. Quiero que sepas que estoy de acuerdo contigo respecto a ellas y respecto al veneno que pusieron en mi sistema. Perdóname, Señor. Púrgame de su maldad.
Señor, gracias porque con tanta facilidad intercambias las cosas malas de mi vida a cambio de más de Ti. Aún cuando me siento frustrado conmigo mismo o avergonzado por cosas que sé que están mal, sé que Tú siempre te acercas a mí con bondad y perdón.
Gracias porque eres el Dios de misericordia y compasión infinitas y no importa cuántas veces busque tu perdón, Tú me perdonas cada vez.
Señor, te pido que yo participe con mejor disposición en el proceso de cambio que se lleva a cabo cuando me arrepiento y busco tu perdón. Gracias porque el arrepentimiento es sólo una de las vías a través de las cuales Tú anhelas cambiarme permanentemente. En el nombre de Jesús, amén.
Dr. Daniel A. Brown.
Disfrute Tu Diario Vivir.
viernes, 27 de abril de 2012
Hoy…. Comprenderé que todo está en la Mano de Dios.
“Ciertamente he dado mi corazón a todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y
los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios. Eclesiastés 9: 1.
Todo está en la mano de Dios, es una buena afirmación para emprender el día con la seguridad precisa que me exige la vida misma.
Que los justos y los sabios y sus obras están en la mano de Dios. Lo que Dios decida hacer conmigo y en mi hoy, es algo que solo le pertenece a su soberanía. Ya no me desesperaré para lograr mis propios anhelos, sino sabré esperar en su presencia para que se logren los objetivos divinos en mi. Si quiere auto-promoverme estaré dando un paso en falso en el largo puente de madera que me conduce al otro lado. Necesito conocer el plan de Dios para mi, para mantenerme en la perspectiva correcta, pero será él, quien toma la decisión en cuanto a como y cuando llegaré a la tan anhelada orilla opuesta.
Hoy recuerdo de Carlos Spurgeon quién, cuando aún contaba con treinta años de edad, tenía a cientos de personas haciendo cola bajo la nieve en espera de que el Tabernáculo de Londres abriera las puertas para oírlo predicar. No fue posible en ese tiempo construir un edificio lo suficientemente grande para dar lugar a toda la gente que lo quería escuchar. Aún antes de llegar a la edad madura era un ministro de la palabra, quien recibía muchas invitaciones y por lo tanto fue muy criticado.
Spurgeon en una ocasión dijo:
“El éxito expone al hombre a la presión de la gente, y por tanto lo tienta a mantener sus logros mediante métodos y prácticas carnales, y a dejarse dominar plenamente por las exigencias ditactoriales de una incesante expansión. El éxito podrá subírseme a la cabeza; y lo hará a menos que yo recuerde que es Dios quien realiza la obra, que puede seguir haciéndolo sin mi ayuda, y que es capaz de proveerse de otros medios cuando quiera bajarme los humos”.
Señor, gracias en este día, porque se que tanto el justo como el sabio y sus obras están en tus manos. Nada de lo que pueda suceder y elevar mi orgullo, podrá tocarme si mantengo la perspectiva, de que todo está en tus manos. No es lo que yo hago, eres tu quien realmente manifiestas tu poder.
Señor, perdóname las veces que he permitido que la vanagloria inunde todo mi corazón y las veces que me he olvidado de que todo lo que sucede viene de tu mano.
Dr. Serafín Contreras Galeano.
jueves, 26 de abril de 2012
Hoy… Yo También Levantaré Canción.
Los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. Isaías 55:12.
Al sernos perdonado el pecado, termina el motivo de nuestra mayor pena y comienza nuestra verdadera alegría.
Tal es el gozo que el Señor derrama sobre aquellos que han sido reconciliados con Él y que inunda de alegría a toda la creación.
Hay en el mundo material una música latente, y el corazón renovado puede hacerla brotar y transformarla en armonías sensibles.
La creación es como un órgano; el hombre santificado conoce la tecla sobre la cual con sólo poner la mano despierta en el universo entero un concierto de alabanzas. Los montes y collados, con todas las magnificencias de la naturaleza son, por decirlo así, el bajo del coro; en tanto que los árboles del bosque y toda la creación animada son la melodía y el canto.
Cuando la Palabra de Dios produce frutos en nosotros y las almas se salvan, todo parece cantar en derredor nuestro.
Charles Spurgeon.
Libro De Cheques del Banco De La Fe.
Los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. Isaías 55:12.
Al sernos perdonado el pecado, termina el motivo de nuestra mayor pena y comienza nuestra verdadera alegría.
Tal es el gozo que el Señor derrama sobre aquellos que han sido reconciliados con Él y que inunda de alegría a toda la creación.
Hay en el mundo material una música latente, y el corazón renovado puede hacerla brotar y transformarla en armonías sensibles.
La creación es como un órgano; el hombre santificado conoce la tecla sobre la cual con sólo poner la mano despierta en el universo entero un concierto de alabanzas. Los montes y collados, con todas las magnificencias de la naturaleza son, por decirlo así, el bajo del coro; en tanto que los árboles del bosque y toda la creación animada son la melodía y el canto.
Cuando la Palabra de Dios produce frutos en nosotros y las almas se salvan, todo parece cantar en derredor nuestro.
Cuando escuchamos el testimonio de los nuevos convertidos y las experiencias de los más antiguos, es tanta nuestra alegría que no podemos por menos de alabar a Dios; y parécenos que las rocas y collados, los bosques y los campos, resuenan con los ecos de nuestros cánticos de gozo y convierten al universo entero en una orquesta inmensa.
Hoy al ver todo lo creado y contemplar toda la belleza de la creación lo único que veo salir de mis labios es una canción de Alabanza.
Hoy al ver todo lo creado y contemplar toda la belleza de la creación lo único que veo salir de mis labios es una canción de Alabanza.
Señor, en este alegre día , condúceme a este mundo melodioso donde pueda
cantar tus alabanzas como una alondra. Con la esperanza en mi corazón. Amén.
cantar tus alabanzas como una alondra. Con la esperanza en mi corazón. Amén.
Charles Spurgeon.
Libro De Cheques del Banco De La Fe.
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