miércoles, 29 de febrero de 2012

ACERCANDOME AL REY




Mi Vida se Acabó

”El único lugar donde tu sueño se vuelve imposible es en tu pensamiento.”
Robert H. Shuller

Hace poco tuve una conversación con alguien que me dijo: “mi vida se acabó, no le encuentro sentido, soy un fracaso en todo, perdí la ilusión…” y cada una de sus palabras estaban marcadas por la frustración, y así como esta persona hay muchas que piensan que sus vidas no están yendo a ninguna parte.

Personas que han perdido o están a punto de perder su matrimonio, su familia.
Personas que han perdido su trabajo o negocios.
Personas que han perdido su ministerio.
Para ellos la vida se ha acabado, piensan que no pueden volver a tener una relación, que nadie los va a contratar, que no tendrán oportunidad de servir. Sus pensamientos los hace volverse más temerosos, desconfiados, pesimistas y deprimidos.

Estas personas que han perdido sus sueños, lo que en realidad han perdido es la falta de propósito. Necesitan descubrir su propósito para no pasar el resto de sus vidas cometiendo errores, sintiéndose con sentimientos de fracaso. Ellos necesitan entender que su propósito debe ser mayor a los desafíos que se le presentan en la vida.

El propósito tiene que ver con la misión especifica en mi vida que exige cumplimiento de mi parte. Nadie más puede hacerlo. Cada uno de nosotros ha sido creado con un propósito.

“Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.” Efesios 2:10 (NVI)

Somos hechura suya, somos poesía, somos un regalo, somos su obra maestra, creados para buenas obras, para grandes cosas, para resultados extraordinarios.

Mi responsabilidad es poder identificar mi propósito, y en el curso que desarrollamos “Como alcanzar una Vida Extraordinaria” te mostramos como identificarlo, demás está decir que hay libros que nos hablan de eso y que lo puedes conseguir en tu librería favorita. Sin embargo te hago llegar algunas preguntas claves para identificar tu propósito:
¿Qué estoy buscando? ¿Qué es lo que me apasiona? ¿Para que fui creado? ¿Cuáles son esas buenas obras que debo realizar?
Estas son algunas buenas preguntas, no son todas pero te pueden ayudar a clarificar tu propósito y te llevaran a disfrutar la vida.

Hace unos meses una persona ya avanzada de edad, había perdido su trabajo en el cual llevaba mucho tiempo y pensaba que eso era todo, que a su edad nadie lo contrataría y un día meditando en su familia, y en la lección que le estaba enseñando a sus hijos, se encontró que había razones para soñar, para no rendirse en la vida, que lo mejor que el podía hacer era conectarse con su propósito y levantarse de donde estaba para vencer cada una de las dificultades. Comprometido en buscar empleo, sacó su curriculum, generó los espacios de conversación con empleadores, desarrolló relaciones y diseñó planes de acción que lo llevaron nuevamente a ser contratado. Ahora esto no fue fácil, le costó aproximadamente tres meses conseguir el empleo. Sus creencias positivas o su fe acompañada de las obras lo llevaron a conseguir ese trabajo donde hoy lo valoran por sus talentos, capacidades y experiencia, y su futuro parece brillante. Eso se logra cuando logras conectarte al propósito.

“Tienes que averiguar a donde quieres ir. Y luego debes dirigirte hacia allí. Pero, inmediatamente. No puedes darte el lujo de perder un minuto.”Jerome David Salinger

Cuando eres derribado por un fracaso en una relación o en un negocio, no pienses que la vida termina porque Dios todavía no termina contigo. Dios cada día trabaja en tu vida porque eres obra de sus manos. Descubre el propósito de Dios para ti, comienza a creer que los mejores días están por venir, no importa cuantas veces puedas caer lo importante serán las veces que te levantes. Deja de pensar que la vida se acabo para ti y que no hay nada mas por vivir. Deja de sentir lástima por ti y comienza a vivir como protagonista. No te enfoques en los problemas, enfócate en el propósito de Dios para tu vida.

Cuando pienses que la vida se te acaba, pregúntate: ¿que cosas me pueden inspirar para superar mis problemas?
“Tu propósito debe ser mayor que tus problemas”


En amor y liderazgo,

Pedro Sifontes
Coach Personal

martes, 28 de febrero de 2012

ACERCANDOME AL REY




Hoy… Él Hará Florecer Toda Mi Salvación y Mi Deseo.


“Sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será guardado; aunque todavía no haga él florecer toda mi salvación y mi deseo. 2 Samuel 23:5.

Este versículo no es una promesa, es un conjunto de promesas, una cajita de perlas.

El pacto es el arca que todo lo contiene.

Estas últimas palabras de David pueden ser hoy las mías.

Aquí hay un suspiro.

Las cosas no marchan tan bien conmigo y con los míos como fuera mi deseo; abundan las pruebas, las inquietudes, los pecados.

Todo esto endurece la almohada.

Aquí hay consuelo.

«Él ha hecho conmigo pacto perpetuo».

El Señor ha empeñado su palabra y sellado el pacto con la sangre de Jesús.

Estoy unido con mi Dios, y Dios está unido conmigo.

Esto pone de manifiesto la seguridad, porque el pacto es perpetuo, bien establecido y seguro; nada he de temer por lo que respecta al futuro, o la omisión de alguna cláusula olvidada, o a la incertidumbre natural de las cosas.

El pacto es una cosa sobre la cual se puede construir para vida o muerte.

David siente la satisfacción; no necesita más para su salvación; sus deseos se ven cumplidos.

En esta alianza encuentra todo lo que se puede desear.

Hoy me aferro una vez más a estas promesas llenas de vida.

¡Oh, alma mía! Vuélvete en este día a tu Señor Jesús, a quien Dios ha dado como garantía al pueblo.

Acéptalo como tu todo en todo.

Gracias Señor por darme tan preciosas promesas que me infunden seguridad. Amén.

Charles Spurgeon.
Libro De Cheques Del Banco De La Fe.

lunes, 27 de febrero de 2012

ACERCANDOME AL REY




Hoy… Mi Salvación No Depende De Mi


Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. — Efesios 2:8-9

En el reino de Dios, las cosas simples y (demasiado) fáciles generalmente son los medios mediante los cuales Dios cumple Sus deseos en nuestras vidas.

El arrepentimiento es una de esas actividades que se ven fáciles, pero nuestro orgullo personal tratará de probarle a Dios nuestra valentía y sinceridad, tal y como lo hizo Naamán. Trata de recordar las palabras del siervo de Naamán: “Padre mío, si el profeta te hubiera dicho que hicieras alguna gran cosa, ¿no la hubieras hecho? ¡Cuánto más cuando te dice: “Lávate, y quedarás limpio”! .

Recuerda que somos salvos por gracia, no por nuestra propia bondad o por nuestro propio esfuerzo. Son “las riquezas de Su [la de Dios] bondad” y Su “tolerancia y paciencia”, no Su enojo o frustración, lo que nos llevó al arrepentimiento.

Es demasiado difícil para nosotros despojarnos de nuestras nociones religiosas acerca de Dios y de Sus intenciones hacia nosotros. Si no recordamos con cuánto afecto Él piensa en nosotros y cuánto quiere que estemos con Él todo el tiempo, sin importar lo que hayamos hecho o qué tan desesperadamente estemos perdidos por nuestra culpa, fallaremos en aprovechar este regalo tan maravilloso llamado arrepentimiento.

El arrepentimiento está representado en la Biblia la mayoría de veces como un regalo, una misericordia, o un beneficio concedido. No es una línea que Él dibuja en la arena, no es un precursor del castigo que preferiría darnos. Es un enorme error imaginar el arrepentimiento como una oportunidad para lucirnos ante Dios. Aunque hemos hecho mal, vamos a intentar “conciliarnos” con Él mostrándole lo indignados que estamos con nosotros mismos.

Una tentación sutil que todos nosotros enfrentamos en nuestra vida espiritual es tratar de “hacernos cargo de las cosas de aquí en adelante”, apreciar lo que Dios ha hecho por nosotros hasta hoy, pero tomar la carga de mantenernos a nosotros mismos en rectitud desde este momento en adelante. Tratamos de “ser perfeccionados por la carne,” en lugar de continuar en el Espíritu. En otras palabras, intentamos comportarnos (en vano) tan bien como podemos con el fin de ser suficientemente buenos como para podernos arrepentir de lo que sea necesario por las cosas malas de nuestra vida.

Sentimos que es deshonesto contarle al Señor de nuestras malas obras antes de corregirlas. Equivocadamente suponemos que debemos esperar hasta que estemos afuera del bosque, ya no perdidos, antes de arrepentirnos por haber estado en ellos.

Por ejemplo, caemos en la trampa de llegar a la conclusión incorrecta de que es aceptable arrepentirnos de nuestra rabia sólo después de haber resistido con éxito la tentación de la furia. Esta es una de las ideas equivocadas básicas que nos impide querer arrepentirnos. Sin embargo, después de todo, el arrepentimiento dirige la atención a varios hábitos, pensamientos, comportamientos y actitudes que no pertenecen a nuestras vidas.

No es lo que sabemos que deberían ser (nuestra clave del arrepentimiento), y ya hemos tratado de detenerlos hasta donde nos es posible y sin ningún éxito perdurable. Si nos imaginamos que el arrepentimiento es nuestra promesa de nunca volver a hacer lo que hemos estado haciendo mal, sólo así tiene sentido que esperemos hasta que la tentación haya sido completamente conquistada antes de poder arrepentirnos legítimamente.

Primero queremos tener nuestro pecado bajo control para entonces poder arrepentirnos. No queremos atraer la atención de Dios al pecado antes de estar preparados para ofrecerle una garantía de nuestra victoria sobre el pecado, obtenida con mucha dificultad. Pero eso es como esperar a que tu casa se venda antes de contratar los servicios de una agencia de bienes raíces o como querer saber una canción antes de tratar de cantarla; haber recuperado la salud antes de visitar al médico. Nociones como ésta son retrocesos. Como el día de descanso, o la Biblia, el arrepentimiento fue diseñado para servirnos, y no al revés. Dios no dice: “¡Cambia! y después te puedes arrepentir legítimamente.” No. Él dice: “Arrepiéntete. Después podrás cambiar.

Hoy se que por mi mismo no puedo cambiar lo necesito a él.

Señor consciente estoy de que te necesito y acá estoy arrepintiéndome de lo que soy y de lo hago. Amén.

Dr. Daniel A. Brown.
Disfrute tu Diario Vivir.

domingo, 26 de febrero de 2012

ACERCANDOME AL REY




Disfruta Tu Café


Un grupo de profesionales, todos triunfadores en sus respectivas carreras, se juntó para visitar a su antiguo profesor.

Pronto la charla devino en quejas acerca del interminable ‘stress’ que les producía el trabajo y la vida en general.

El profesor les ofreció café, fue a la cocina y pronto regresó con una cafetera grande y una selección de tazas de lo más selecta: de porcelana, plástico, vidrio, cristal -unas sencillas y baratas, otras decoradas, unas caras, otras realmente exquisitas…

Tranquilamente les dijo que escogieran una taza y se sirvieran un poco del café recién preparado.

Cuando lo hubieron hecho, el viejo maestro se aclaró la garganta y con mucha calma y paciencia se dirigió al grupo:

Se habrán dado cuenta de que todas las tazas que lucían bonitas se terminaron primero y quedaron pocas de las más sencillas y baratas; lo que es natural, ya que cada quien prefiere lo mejor para sí mismo.

Ésa es realmente la causa de muchos de sus problemas relativos al “stress.”

Continuó: “Les aseguro que la taza no le añadió calidad al café. En verdad la taza solamente disfraza o reviste lo que bebemos”.

Lo que ustedes querían era el café, no la taza, pero instintivamente buscaron las mejores. Después se pusieron a mirar las tazas de los demás.

Ahora piensen en esto: La vida es el café. Los trabajos, el dinero, la posición social, etc. son meras tazas, que le dan forma y soporte a la vida y el tipo de taza que tengamos no define ni cambia realmente la calidad de vida que llevemos. A menudo, por concentrarnos sólo en la taza dejamos de disfrutar el café.

¡Disfruten su café! La gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo sino la que hace lo mejor con lo que tiene; así pues, recuérdenlo:

* Vivan de manera sencilla.

* Tengan paz.

* Amen y actúen generosamente.

* Sean solidarios y solícitos.

* Hablen con amabilidad.

El resto déjenselo a Dios. y recuerden que: la persona más rica no es la que tiene más sino la que necesita menos …..

DISFRUTA TU CAFÉ………..

“Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” Filipenses 4:6