viernes, 8 de julio de 2016

Fuiste creado único, no te compares



“Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?” Jeremías 12:1
Hay personas que todo el tiempo se comparan con otros, muchas veces no lo exteriorizan, pero en realidad están muy atentos de los logros que otros alcanzan. Observan todo, si una familia progresa económicamente, si viajan seguido, el auto que manejan o las mejoras que hacen en sus casas, todo está bajo la atenta mirada de la gente. Pero en lugar de ver estas señales de prosperidad o bendición en otros como un motivo de alegría, guardan un íntimo resentimiento que tiene su origen en la comparación. 
Es muy común la pregunta, ¿Pero cómo es posible que esta persona que ni cree en Dios, ni va a la iglesia y hasta deprecia todo lo relacionado con la fe, vive en felicidad y abundancia y hasta parece que la vida le sonríe?.  En el fondo con este tipo de preguntas, lo que estamos cuestionando sutilmente es la justicia de Dios. Pensamos que nosotros tenemos más merecimientos para recibir bendición y vemos a los impíos en la posición de estar recibiendo lo que no debieran.
Leemos en Salmos: “No te impacientes a causa de los malignos. Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.” Salmos 37:1 Aunque parezca extraño, en este tipo de situaciones, nos encontramos como hijos de Dios teniendo envidia de los impíos, como si no fuéramos conscientes de quienes somos en Cristo, es decir de nuestra verdadera identidad.
Dicen que las comparaciones son odiosas y seguramente esta expresión popular tenga algo de verdad, pero además terminan trayendo amargura. Cada persona es única como así también el trato y la relación que Dios tiene con ella. Tengamos en cuenta que muchas veces hacemos comparaciones con casi nula información de la vida de la persona, solo nos quedamos con lo externo o lo aparente, sin ver lo que está sucediendo en el interior, ni mucho menos su historia de vida. 
Por ejemplo vemos un profesional próspero y reconocido, pero no nos detenemos a pensar en los años que dedicó para estudiar y prepararse para obtener un título, ni tampoco las dificultades que debió superar para llegar esa meta. Y hasta en el ámbito ministerial, vemos a un pastor o un ministerio, la gente que apoya y pensamos que todo resulta fácil, sin embargo solo aquellos que pagaron el precio conocen acerca de las luchas enfrentadas, las divisiones, persecuciones y como se pudieron sobreponer. Solo nos quedamos con lo exterior y contra eso nos comparamos.
Una manera de evitar que la amargura crezca en nuestros corazones es dejarnos de comparar, comprendiendo que tenemos una relación personal y única con Dios y que nuestros tiempos o procesos pueden ser muy diferentes a los de otro. “Cuando pensé para saber esto. Fue duro trabajo para mí. Hasta que entrando en el santuario de Dios. Comprendí el fin de ellos” Salmos 73:16-17
Dios conoce lo más profundo de la vida de cada persona, por lo tanto no somos nosotros quienes debemos ponernos en la posición de determinar que le corresponde a cada uno, o si está bien o mal que tal persona prospere. Quizás cuando esto pasa, es porque estamos adoptando las definiciones de éxito que tiene el mundo, poder, riquezas, fama etc. Sin embargo el concepto de una vida exitosa para el creyente, siempre debe pasar por el cumplimiento de los planes de Dios para cada uno.
Por lo demás, no entremos en la trampa de la comparación la cual siempre nos conducirá al orgullo, si es que nos consideramos mejores, o frustración y amargura si nos ubicamos en un plano de inferioridad. Si para Dios eres único, ¿Para qué compararte?, lo importante es que de alguna manera te pareces a tu creador, fuimos creados a su imagen y semejanza, entonces, esperemos con paciencia el cumplimiento de los tiempos y planes de Dios en nuestras vidas.
 Daniel Zangaro 
                 CVCLAVOZ  

miércoles, 6 de julio de 2016

Prisionero



Cuenta una antigua historia que cada año, con motivo de las fiestas de aniversario de su coronación, el rey de una pequeña ciudad liberaba a un prisionero. Cuando cumplió 25 años como monarca, él mismo quiso ir a la prisión acompañado de su Primer Ministro y toda la corte para decidir a cuál prisionero iba a liberar.
- "Majestad", dijo el primero, "yo soy inocente pues un enemigo me acusó falsamente y por eso estoy en la cárcel".
- "A mí", añadió otro, "me confundieron con un asesino pero yo jamás he matado a nadie".
- "El juez me condenó injustamente", dijo un tercero.
Y así, todos y cada uno manifestaba al rey porque razones merecían precisamente la gracia de ser liberados. 
Había un hombre en un rincón que no se acercaba y que por el contrario permanecía callado y algo distraído. Entonces, el rey le preguntó: "Tu, ¿por qué estás aquí?
- El hombre contestó: "Porque maté a un hombre majestad, yo soy un asesino".
- "¿Y por qué lo mataste?", inquirió el monarca.
- "Porque estaba muy violento en esos momentos", contestó el recluso.
- "¿Y por qué te violentaste?", continuó el rey.
- "Porque no tengo dominio sobre mi enojo", respondió el prisionero.
Pasó un momento de silencio mientras el rey decidía a quien liberaría. Entonces tomó el cetro y dijo al asesino que acaba de interrogar: "Tú sales de la cárcel".
- "Pero majestad", replicó el Primer Ministro, "¿acaso no parecen más justos cualquiera de los otros?"
- "Precisamente por eso", respondió el rey, "saco a este malvado de la cárcel para que no eche a perder a todos los demás que parecen tan buenos."
Ocultar o negar tu pecado no te hará libre, Dios conoce todo lo que pasó y por más que hayas pecado una y otra vez, si te acercas a Él de corazón y le pides perdón reconociendo tu falta, te perdonará, olvidará lo que hiciste y te dará una nueva oportunidad.
No vivas preso de tu pecado, Dios te da la oportunidad de ser libre, solamente debes reconocer tus faltas y cambiar de actitud.
“Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” Hebreros 8:12
¡No esperes más! Alcanzar la  libertad que anhelas, depende de ti.

 
  Ana María Frege Issa
            CVCLAVOZ    
                        

martes, 5 de julio de 2016

No hagas caso



Siempre existirán personas a nuestro alrededor que sólo están esperando que las cosas nos salgan mal y que fracasemos.
Lo mismo le ocurrió a Pablo en Hechos 28:6, cuando fue tomado preso,  él no se dio por vencido,  continuaba sirviendo y trabajando en medio de la lluvia y el frío, era el único que traía ramas secas para el fuego e incluso fue mordido por una serpiente. Lo normal hubiera sido que él cayera muy mal y muriera por el veneno de aquel reptil y lejos de ayudarlo, las personas que estaban ahí, sólo se pusieron a criticarlo porque seguía como si nada le hubiera pasado y, además, esperaban muy pacientemente que cayera muerto.
Muchos de nosotros podemos identificarnos con este breve relato de la vida de Pablo, quizás nos encontramos en la misma situación, hemos fracasado en algo o estamos atravesando alguna prueba y el enemigo solamente se queda esperando a que caigamos sin ganas de levantarnos y muramos.
Lamentablemente, a lo largo de nuestra vida tal vez encontremos personas que lo único que harán será criticar, hagas bien o hagas mal sólo buscarán destruirte con sus comentarios; también existirán personas que esperarán tu caída, tu derrota y tu muerte, pero eso no tiene porqué suceder. Dios nos hizo más que vencedores y nos dijo: “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová.” Isaías 54:17 (RVR-1960)
Hoy te animo a levantarte, no permitas que ninguna crítica o palabra terrenal usada por el enemigo te derrumbe, tú no estás solo y a pesar de las serpientes que se atraviesen en tu camino, Dios no te dejará morir. Sigue adelante y levántate.

   Telma Céspedes
      CVCLAVOZ  

lunes, 4 de julio de 2016

¿Realmente lo amas?



Si usted ama a alguien seguramente desea que la otra persona manifieste también este sentimiento; y es que el amor no necesita ser comprendido, necesita ser demostrado cada día y a cada instante.
Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos.
Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.
Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Juan 21:15-17
Jesús le preguntó tres veces a Pedro si lo amaba y él respondió que sí; lo interesante es lo que el Maestro menciona después de cada respuesta: “Pastorea mis ovejas”. En otras palabras, lo que manifestaba era que si su discípulo lo amaba debía demostrarlo cuidando de las ovejas. Jesús no solamente deseaba escuchar a Pedro decir que lo ama, sino que este amor debía ser demostrado al realizar su servicio.
Las ovejas a las cuales se refería Jesús no eran animales, sino, a las personas que han decidido creer en Él.
Ahora es tiempo de que reflexiones en esta pregunta: ¿Amas a Dios? Es fácil decir en palabras que amamos a alguien, pero el reto está en demostrarlo. El trabajo de un pastor es alimentar, proteger y cuidar a las ovejas, y en este tiempo muchas se han perdido del camino. Si amas a Dios, Él te pide que las busques, que les enseñes y salves sus vidas.
Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. Juan 14:23
Si realmente amas a Dios lo demostrarás al estar en constante comunión con Él, estudiando y obedeciendo su palabra. Si no tienes una relación con Dios en la que cada día oras y estudias su palabra, entonces estás lejos de Él  ¿Quieres que Dios more en tu vida y en tu familia? Decide amarlo.

 

  Shirley Chambi
     CVCLAVOZ    

domingo, 3 de julio de 2016

No te olvides de Él



“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre.” Deuteronomio 8:11-14
A veces creemos que asistiendo a la iglesia una vez a la semana, sirviendo en cierta área o actividad, tenemos a Dios muy presente. Pero, ¿Realmente tomo en cuenta a Dios en todo lo que hago?  No se necesita dejar de ir a la Iglesia, dejar de servir o hacer otra actividad para olvidarnos de Dios, ya que muchas veces puedes estar haciendo muchas cosas “para Dios”, pero simplemente te has olvidado de Él.
A veces el trabajo, los afanes por conseguir más riquezas, títulos, los problemas que atravesamos y las ansias por tenerlo todo, hacen que nos olvidemos de Dios. Llegamos tan cansados al servicio que nos olvidamos pasar tiempos con Él antes de ministrar, estamos tan preocupados que en vez de escuchar palabra de Dios escuchamos nuestros pensamientos.   
¿Cuándo fue la última vez que a conciencia apartaste un buen tiempo para estar a solas con Dios?, ¿Hace cuánto tiempo no vas a tu habitación, cierras la puerta, comienzas a adorarlo y empiezas a hablar con Él, hasta sentir su presencia?
Muchas veces, sin darnos cuenta, vamos por la vida creyendo que estamos cerca de Dios cuando sin querer vamos siguiéndolo de lejos, Él no quiere que hagas nada en su obra si en primer lugar no te ocupas de buscarlo y estar a cuentas.
“Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten.” Mateo 6:33 (NTV)
¿De qué te sirve ser el mejor en lo que haces si te olvidas de Dios?, ¿De qué sirve tanto talento si primero no se lo dedicas a Él? No se cómo está tu relación con Dios, pero hoy necesitamos volver a Él.
El Señor nos dice este día: “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.” Deuteronomio 4:9
No te olvides de Dios y de las cosas que Él ha hecho por ti. Vuelve a tu primer amor, a tener esa comunicación e intimidad como siempre la tuviste, aparta tu tiempo a solas con Dios donde puedas hablarle y ser lleno de su presencia.
¡Búscalo cada día de tu vida!
Diego Jora
     CVCLAVOZ  

sábado, 2 de julio de 2016

A tiempo



¿Qué tan paciente eres cuando esperas algo que anhelas con todo tu corazón? Suele ser difícil aguardar incluso cuando al transcurrir del tiempo no ves ni una pizca del porvenir. 
Además que mantener la esperanza es complicado cuando las cosas ocurren contrariamente a lo que esperas o anhelas, incluso es casi inevitable no ponerse triste, y Proverbios 13:12 (TLA) describe exactamente como uno se siente: “¡Qué tristeza da que los deseos no se cumplan! ¡Y cómo nos llena de alegría ver cumplidos nuestros deseos!” ¿Te ha pasado? Pero cuando llega aquello que tanto ansías, viene acompañado de esa alegría que invade tu corazón, tu semblante cambia e incluso tu actitud se vuelve más generosa y más positiva. 
Sin embargo, debemos considerar que nuestra vida no sólo se trata de que se cumplan nuestros anhelos o deseos, sino más que todo que ello edifique nuestra vida, que nos lleve a un nivel más alto espiritualmente. Dice Proverbios 10:22 “La bendición de Jehová es la que enriquece y no añade la tristeza con ella” No son riquezas temporales sino son riquezas eternas.
Por eso, si estás en la sala de espera, mantente atento a lo que recibes en ese tiempo, ya que muchas veces por poner los ojos sólo en esa promesa o anhelo dejamos pasar desapercibidas otras bendiciones que nos edifican mucho más.
Dios sabe cuándo es el tiempo adecuado y cómo llegará a tu vida, ten paciencia y se agradecido mientras esto ocurre.
Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. Habacuc 2:3
 Soraida Fuentes
     CVCLAVOZ    

viernes, 1 de julio de 2016

No te detengas.



Uno de los animales marinos más feroces y temidos es el tiburón blanco. Su aspecto robusto, sus características fisiológicas y el estar ligado con ataques a nadadores que entran en sus territorios, le han otorgado el título de depredador.
Físicamente, un espécimen adulto pesa aproximadamente 1,5 toneladas, mide regularmente 5 metros, tiene cerca de 222 dientes y puede cerrar su mandíbula alcanzando una fuerza de 20 toneladas. Por si esto fuera poco, su olfato puede detectar la presencia de unas cuantas moléculas de sangre a una gran distancia y puede llegar a nadar a 40 kilómetros por hora. Realmente es un animal temible.
Pero dentro de todas las cualidades naturales que tiene, la ciencia ha descubierto dos que lo hacen diferente al resto: El tiburón blanco no tiene vejiga, órgano físico que el resto de peces suele usar como flotador porque al llenarse de aire, les permite permanecer quietos en zonas cercanas a la superficie sin hundirse. Y también, el mecanismo de respiración de los tiburones consiste en mantener la boca abierta mientras nada, de esta manera el agua cargada de oxígeno pasa por sus branquias y así puede llegar a la sangre, pero si se detiene, moriría de asfixia.
Por estas razones, el temible tiburón blanco desde que nace nunca deja de nadar, sino que está constantemente en movimiento. Esta es una característica que podríamos imitar dentro de la vida cristiana.
¿Alguna vez te has preguntado por qué las tentaciones parecen en cierto momento más fuertes que antes?, ¿Por qué ahora resulta más pesado ir a la iglesia?, ¿Por qué parecen más importantes otras actividades que leer la Biblia?, ¿Por qué ese fuego de la pasión por la santidad ya no parece arder más?, etc. Muchas veces uno suele hacerse preguntas porque no logra comprender qué fue lo que ocurrió con ese primer amor.   
Meditemos: Si descuidas tu negocio faltando regularmente a tus deberes pronto estarás en quiebra, si no asistes a las clases de la universidad perderás la materia y no aprobarás los exámenes finales, si descuidas a tu familia intercambiándola por otras actividades llegará un momento en el que serás como un perfecto extraño para ellos y ellos para ti, etc. Todo esto ocurre en actividades cotidianas y en la vida cristiana pasa lo mismo: si descuidas tu bienestar espiritual, lo más seguro es la separación de tu relación con Dios y todas las consecuencias que eso conlleva.
No nos engañemos, no existe el crecimiento espiritual automático. Así como el tiburón se hunde al dejar de nadar, nosotros también podemos tropezar y hasta caer, si dejamos de buscar el Reino de los  Cielos. 
Jesús ya hizo todo lo que tenía que hacer en la cruz del calvario. El crecimiento espiritual en el conocimiento de la voluntad de Dios expresada en la Biblia y la búsqueda de su presencia, es una responsabilidad personal y continua.
“Gloriaos en su santo nombre; Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. Buscad a Jehová y su poder; Buscad su rostro continuamente.” 1 Crónicas 16:10-11 Versión Reina-Valera 1960

Hector Colque
    CVCLAVOZ