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El popular portal de información llamado Wikipedia, define migración como todo desplazamiento de la población (humana o animal) que se produce desde un lugar a otro, llevando consigo un cambio de la residencia habitual en el caso de las personas o del hábitat, en el caso de las especies animales.
Generalmente los animales suelen migrar cuando se presentan dificultades en su ambiente como la falta de comida, un entorno climático desfavorable o complicado para su subsistencia.
Éste fenómeno se presenta no sólo en las aves, sino también en especies que son terrestres y acuáticas, de esta última se destaca la tortuga verde. Éste animal marino al nacer es más pequeño que la palma de la mano, pero un adulto puede llegar a pesar 300 kg.
Lo increíble es el recorrido que hace para poder migrar. Viaja cerca de 2,600 kilómetros, más o menos, desde las costas de California en los Estados Unidos hasta el litoral de Sydney en Australia. Estos nadadores intrépidos consideran la necesidad de buscar alimento, un clima adecuado y un entorno seguro para emprender éste viaje tan largo, por lo general siguen su instinto, y siempre llegan a su destino.
No solamente migran los animales y las personas de forma física, sino también puede hacerlo nuestro corazón.
Lucas 15:11-32, narra la parábola del hijo pródigo quien creyó que viviendo a su manera le podría ir mejor. Sin dudarlo se fue de la casa de su padre, llegó a su destino con la parte de herencia que le tocaba, pero la libertina vida que vivió lo llevó a despilfarrarlo todo y con el tiempo solamente halló pobreza, tristeza y soledad.
Muchas veces en el afán de buscar lo mejor por nuestra propia cuenta, nuestro corazón se aleja de la voluntad de Dios y con el tiempo sólo encontramos frustración y pena: al criar a nuestros hijos, administrar nuestro negocio, conducir nuestro ministerio, dirigir nuestro matrimonio, etc.
Quizás uno o más de estos aspectos de tu vida estén en este momento provocándote una profunda frustración por los resultados que estás obteniendo. El problema es el habitad que se ha formado alrededor tuyo al no tener la presencia de Dios en él.
Si algún área de tu vida es motivo de pena, tristeza o constantes fracasos, es el momento de migrar de vuelta a los brazos de Dios.
Las tortugas marinas migran por instinto con la seguridad de encontrar un habitad mejor. El hijo pródigo regresó a los brazos de su Padre con la seguridad de hallar misericordia, con un corazón verdaderamente arrepentido y encontró mucho más de lo que pensó.
Deuteronomio 4:29-31 “Pero si allí buscan al Señor su Dios con todo su corazón y con toda su alma, lo encontrarán… él, que es bondadoso, no los abandonará ni los destruirá, ni se olvidará de la alianza que hizo con los antepasados de ustedes y que juró cumplir.” Versión Dios Habla Hoy (DHH)
¿Tienes una frustración, una pena, cometiste un error, las cosas no te salen como esperabas? No dudes más, emprende tu migración de retorno a los brazos de Dios.
Con seguridad encontrarás mucho más de lo que esperas. Héctor Colque
CVCLAVOZ
La batalla había sido dura. El enemigo había usado toda su artillería. El joven soldado se miraba una y otra vez. Su uniforme no era más que un montón de harapos. Su cuerpo estaba todo magullado y lleno de heridas. Apenas podía mover las piernas. De los brazos sólo conservaba uno y sus ojos tampoco estaban bien.
Lo peor de todo era que había luchado para nada. Sí, para nada porque el enemigo había ganado esta batalla. En ese momento, al soldado no le importaba que hubiese sido sólo una batalla y que, lo más seguro es que la guerra la ganarían los suyos. Para él, todo estaba perdido. Se sentía inútil. No volvería a presentarse ante su Capitán. ¿Cómo podría hacerlo si no respondió como debía a la confianza que habían puesto en él? Había perdido y eso es algo que un soldado no puede darse el lujo de hacer.
Se abandonaría hasta morir en el campo, eso era mejor que presentarse como un derrotado. ¿Y quién sabe si a lo mejor, al llegar derrotado podrían castigarlo? Al fin y al cabo la misión de un soldado es ganar todas las batallas, no perderlas.
Cuando más le daba vueltas a esos pensamientos, una voz amiga lo interrumpió. Era su amigo, su compañero de batallas, quien con mucho cuidado lo tomó y con ayuda de otros lo pusieron en una camilla mientras le decía: Tiene que verte el Capitán, se va a alegrar mucho cuando te vea, además, se va a encargar de correr con todos los gastos de tu curación. Seguro que hasta te da una medalla.
El soldado no podía creer lo que el amigo le decía e insistía en contar que había perdido la batalla. Pero no le quedó más opción que aceptar ver al Capitán.
Al día siguiente, recibió la visita esperada en el hospital. El Capitán al verlo, corrió, lo abrazó con fuerza pero con cuidado de no lastimarlo, pasando por alto los rigores de la disciplina militar. - Es usted un gran héroe, querido amigo. Voy a proponerlo para la medalla al mérito militar. Usted ha defendido su posición con uñas y dientes. Ahora ganó el enemigo, pero no se preocupe que la victoria final es nuestra. Olvídese de sus heridas. Sanarán. Siento mucho lo de su brazo…. Le pondremos uno ortopédico. No podrá volver al mismo puesto pero estará en la retaguardia conmigo, dirigiendo las escaramuzas. Si no hubiera luchado, entonces sería un desertor, pero luchó hasta el final.El soldado apenas podía decir palabra. La emoción no se lo permitía.
Al igual que el soldado, de la historia de MaitéParga, podemos estar en medio de una gran batalla y por más que damos todo lo mejor de nosotros, la artillería del enemigo nos puede haber herido gravemente y pensamos que es mejor dejarnos morir, que es una vergüenza cómo hemos fallado y que nuestro esfuerzo no ha valido la pena.
Pero ahí, cuando sentimos que ya nada tiene sentido, cuando estamos heridos, decepcionados de nosotros mismos, viene Dios a encargarse nuestras heridas, a recordarnos que es una batalla más pero que la victoria final la tenemos asegurada.
Lo importante es que luchemos, que peleemos la batalla y que si estamos heridos, corramos a los brazos del único que puede sanarnos. Que nuestras fallas no nos alejen de Dios, que el enemigo no use la vergüenza que sentimos o la decepción para dejarnos morir, sino que vayamos confiados ante nuestro Capitán y nos presentemos con nuestras heridas y la ropa hecha harapos, seguros de que nos está esperando con los brazos abiertos y con el mismo amor de siempre.
Dios nunca dejará a uno de sus hijos herido, a Él le interesa cómo peleamos, cuánto nos esforzamos, no los resultados de una batalla. Lo que le interesa es que lleguemos hasta el final de la guerra firmes.
“Pelea la buena batalla por la fe verdadera. Aférrate a la vida eterna a la que Dios te llamó y que confesaste tan bien delante de muchos testigos” 1 Timoteo 6:12 (NTV)
No seas un desertor, Dios te ama sin importar cuántas batallas ganaste o perdiste, Él siempre estará contigo para fortalecerte, animarte, sanarte y mostrarte que no es el final, aún hay mucho más para ti; la victoria final es un hecho, sólo debes creer.
Ana María Frege Issa
CVCLAVOZ
A veces cuando estamos en medio de problemas o tenemos que hacer algo para resolver algún conflicto o remediar algo malo que hicimos, decimos que nuestra vida es muy difícil; posiblemente porque tenemos que hacer cosas que tal vez no queremos o pensamos que son imposibles para nosotros.
Podemos observar en la historia cómo Israel logró salir de la esclavitud de Egipto. Dios mandó las plagas y sólo le pidió a Moisés que advirtiera al Faraón. En la última plaga se ordenó al pueblo que marcara sus puertas con la sangre de un cordero sin manchapara cuando pasara la plaga de la muerte; Dios se encargaría del resto.
Cuando estaban siendo perseguidos por el ejército del Faraón, una vez que lograron salir de Egipto, vieron el mar frente a ellos, todo parecía perdido pero Dios le mandó a Moisés que extendiera su vara sobre el mar y nada más, Él haría el resto.” Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen.Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco” Éxodo 14:15-16 (RV-1960) Lo único que tenían que hacer para ganar la batalla era obedecer.
Nosotros nos desesperamos, desconfiamos y sentimos que no podemos hacer nada ante determinadas circunstancias cuando Dios no nos exige más de lo que podemos dar, sólo nos manda a tener fe, creerle y confiar en su amor y poder.
Cuando estamos en situaciones muy difíciles, debemos creer que lo que Dios me pedirá será algo posible para mí y que del resto Él se hará cargo.
“Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.” Lucas 18:27 (RVR-1960)
Si estás en medio de la tormenta sólo camina, sigue, Dios hará lo extraordinario e imposible, tú solamente debes creer que así será. Telma Céspedes
CVCLAVOZ
Un hombre tenía dos hijos; Y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me pertenece: y les repartió los bienes. Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y le comenzó a faltar. Y fue y se llegó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos; mas nadie se las daba.
Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré, é iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Lucas 15:11-19
La palabra de Dios dice que el joven “Volviendo en sí” recapacitó, pareciera que hace referencia a una persona que se aparta del lugar indicado. Un día este joven perdió el enfoque y se apartó de la casa de su padre, pero vivir las consecuencias de su mala decisión lo hizo reflexionar.
“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.”
Aquel hijo tuvo que tomar una decisión: “volver a su casa”. Tenía vergüenza de regresar por lo que hizo, pero en cualquier momento tendría que hacerlo porque lejos de él seguiría así o peor. Entonces decidió regresar ocupando el lugar de un empleado.
Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.” Lucas 15:20-24
La biblia dice que desde lejos su padre corrió a recibirlo, lo abrazó y lo besó. A pesar de que su hijo le causó gran dolor al irse, estaba muy feliz porque su hijo perdido había vuelto a casa. ¡No fueron reclamos lo primero que recibió el hijo, fue amor!
“porque separados de mí nada podéis hacer.” Juan 15:5
Es posible que en estos momentos te encuentres lejos de tu padre Dios, lejos de sus brazos, de su amor y protección. Hoy te animo a tomar una decisión: “Vuelve a casa”, porque lejos de Él nada podrás hacer. Tal vez estés enfrentando consecuencias por haberte apartado del Señor; sin embargo, es mejor enfrentarlas de la mano de nuestro Padre que solos.
Deja de huir de su presencia, ya no pongas excusas, porque a Dios no le importa tu pasado ¡Hagas lo que hagas jamás dejarás de ser su hijo! Él está esperando que su hijo perdido vuelva a casa. Te animo a ponerte de rodillas y pedirle perdón.
¡Él te ama con amor eterno!
Shirley Chambi
CVCLAVOZ
La tormenta puede ser definida como un fenómeno meteorológico producido por vientos fuertes, como una tempestad de corta duración y especialmente violenta que en ocasiones y dependiendo de su magnitud, puede causar grandes desastres.
Hace más de dos mil años atrás, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos al otro lado del lago». Así que dejaron a las multitudes y salieron con Jesús en la barca. Pronto se desató una tormenta feroz y olas violentas entraban en la barca, la cual empezó a llenarse de agua. Jesús estaba dormido en la parte posterior de la barca, con la cabeza recostada en una almohada. Los discípulos lo despertaron diciendo: « ¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?». Cuando Jesús se despertó, reprendió al viento y dijo a las olas: «¡Silencio! ¡Cálmense!». De repente, el viento se detuvo y hubo una gran calma. Luego Él les preguntó: ¿Por qué tienen miedo? ¿Todavía no tienen fe?. Marcos 4:35-40 (NTV)
Muchas veces hemos escuchado o leído: “Después de la tormenta viene la calma” Aunque no lo creas esta es una gran verdad extraída de la Biblia, las tormentas jamás permanecerán para siempre ni serán eternas.
Así como pasan tormentas en el mundo, Dios permite que pasemos tormentas en nuestra vida, cuando aceptaste a Jesús en tu corazón como tu único Señor y Salvador, Él te subió a la barca, en un viaje maravilloso. Eso no significa que ya no tendrás problemas o desafíos; sino que Jesús jamás te dejará solo o te abandonará en medio de una crisis.
Él siempre irá contigo en la misma barca, protegiéndote, ayudándote y escuchándote. Cuando pases un problema no pienses que Dios te ha abandonado o que está lejos de ti. Lo que sucede es que Él nos prueba para ver a quién vamos a recurrir o cómo vamos a reaccionar frente a determinadas situaciones.
“No temas ni te desalientes, porque el propio Señor irá delante de ti. Él estará contigo; no te fallará ni te abandonará.” Deuteronomio 31:8 (NTV)
Así como los discípulos buscaron a Jesús en medio de una tormenta, acude tú también a Él, creyendo que va a escucharte, a silenciar y calmar tus problemas. Por muy crítica que sea tu situación, recuerda que tienes un Dios todopoderoso que bendice a los que esperan en Él.
Pablo compartía con los corintos las dificultades y privaciones que estaban pasando a causa de la obediencia de predicar la Salvación en Jesús, pero también se presentaba en su vida como carta abierta.
En 2 Corintios 6:3-6 (NTV) dijo: “Vivimos de tal manera que nadie tropezará a causa de nosotros, y nadie encontrará ninguna falta en nuestro ministerio. En todo lo que hacemos, demostramos que somos verdaderos ministros de Dios. Con paciencia soportamos dificultades y privaciones y calamidades de toda índole. Fuimos golpeados, encarcelados, enfrentamos a turbas enfurecidas, trabajamos hasta quedar exhaustos, aguantamos noches sin dormir y pasamos hambre.Demostramos lo que somos por nuestra pureza, nuestro entendimiento, nuestra paciencia, nuestra bondad, por el Espíritu Santo que está dentro de nosotros y por nuestro amor sincero.“
Sin duda alguna lo que somos y lo que hemos creído lo demostramos en nuestros actos, en la manera de reaccionar en las dificultades que se nos presentan; siempre nuestro interior se revela en lo exterior.
¿Qué vida llevó Pablo para afirmar que no encontrarían ninguna falta en su ministerio? ¿Cómo soporto los golpes, el encarcelamiento, el cansancio y el hambre? Tenía una vida entregada totalmente al Espíritu Santo y estaba comprometido con Dios.
Por eso es importante invertir tiempo con Dios, en su presencia nuestras vidas serán transformadas tanto que podremos soportar las tempestades con la esperanza firme en la fidelidad de Dios.
Desarrollemos lo que Pablo logró para tener un vida prospera no solo aquí sino también para la eternidad.
Soraida Fuentes
CVCLAVOZ
Cuenta una historia que después de un naufragio en una terrible tempestad, un marinero pudo llegar a una pequeña roca y escalarla, permaneciendo en ella durante muchas horas.
Cuando finalmente pudo ser rescatado, un amigo suyo le preguntó:
- ¿No temblabas de espanto por estar tantas horas en tan precaria situación, amigo mío?
- Sí, - contestó el náufrago- la verdad es que temblaba mucho; pero… ¡la roca no! Y esto fue lo que me salvó.No importa lo fuerte que sea la tempestad, si nuestro barco se hundió o si llevamos días esperando un rescate, lo cierto es que mientras permanezcamos en la Roca, nada podrá dañarnos.
Tu tempestad puede llamarse problemas financieros, familiares, de salud, sentimentales, crisis política y social en tu país, desastres naturales, etc.; sin importar de qué se trate, puedes estar seguro que ninguno de ellos te hundirá, no perecerás por muy fuertes que sean.
Aférrate a Dios, pon en Él tu confianza, porque es el único Refugio seguro que tendrás, es la Roca que no se mueve y te ayuda a mantenerte a salvo en medio de la tormenta.
“El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!” Salmos 18:2 (NTV)
Al igual que el náufrago, puede ser que estés temblando de miedo pero no temas, si te refugias y permaneces en Dios, no habrán olas, ni viento ni ningún tipo de tempestad que te venza.
Deja de luchar con tus fuerzas, sostente de la Roca y refúgiate en Dios, permite que Él detenga el viento y calme las aguas, entrégale esa tormenta que te atemoriza; verás que Dios nunca falla. Ana María Frege Issa
CVCLAVOZ