viernes, 27 de marzo de 2015

Seamos fieles hasta el final


 
Ví el video de 21 cristianos egipcios que fueron decapitados en Libia, ellos no negaron su fe, se mantuvieron firmes en su convicción de reconocer a Jesús como el único Señor y Salvador de sus vidas.
Ese mismo día escuché la historia de una pareja que lleva 60 años de casados. La esposa tiene alzheimer y por esa razón está internada recibiendo la atención que requiere. Desde que ella se encuentra en este centro, su esposo no ha dejado de cuidarla como se lo prometió en el altar. Va todos los días a visitarla, comparten juntos el desayuno, el almuerzo y la cena; él está atento a sus mínimos requerimientos y necesidades, a pesar de que ella no lo reconoce la mayor parte del tiempo.
Estos ejemplos de vida me conmovieron mucho pero a la vez me hicieron meditar en el verdadero significado de amar y ser fiel hasta la muerte; porque estas personas no se limitaron simplemente a hablar y convencer con palabras sino que dieron testimonio con su propia vida y demostraron con hechos a quien amaban y en quién creían.
Cuando una pareja se casa, se promete amor eterno y estar juntos en los buenos y malos momentos, en la adversidad, en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Cuando enfrentan tiempos difíciles y las cosas no van como ellos esperaban, no abandonan al ser amado sino que cumplen la promesa que se hicieron un día y permanecen fielmente juntos.
¿Nosotros como hijos de Dios no deberíamos amar a nuestro Señor también en todo tiempo? No sólo deberíamos ser agradecidos con Él y darle la gloria y la honra cuando estamos bien sino también cuando nuestra fe es probada por circunstancias que la mayoría de las veces no llegamos a entender pero que son necesarias para que demostremos si de verdad lo amamos y confiamos en Él, y que a pesar de que su respuesta sea totalmente contraria a la que anhelamos, de igual manera permaneceremos a su lado.
Pues a ustedes se les dio no solo el privilegio de confiar en Cristo sino también el privilegio de sufrir por él. Filipenses 1:29 (NTV)
Dejemos de ser personas que sólo se acercan a Dios cuando tienen problemas o necesitan algo, acudamos a Él cuando también nos sentimos felices por todo lo que nos permite tener. Cada día démosle gracias por su incomparable e infinito amor; por haber dado la vida de su único hijo, Jesús, para que nuestros pecados fueran perdonados y obtuviéramos la salvación a través del sacrificio que hizo en la cruz. Reconozcamos que si no fuera por su bondad, paciencia y misericordia hoy no tendríamos el privilegio de ser sus hijos y estar vivos. 
Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman. Santiago 1:12 (NTV)
Demos la gloria y la honra a Dios por quien es Él no sólo por lo que recibimos de Él.
 
Brisna Bustamante
      CVCLAVOZ

jueves, 26 de marzo de 2015

El orden de los factores

 
Las matemáticas tienen varias leyes llamadas sentencias, todas ellas establecidas con el fin de darle a esta materia un uso universal.
Una de ellas es: “el orden de los factores no altera el producto final”, su base radica en la prueba matemática que dice que no importa cuántos números formen parte de una suma, todos pueden tener cualquier orden o pueden ser agrupados de cualquier forma, el resultado siempre será el mismo.
La ley del orden de factores puede llegar a ser usada en la vida diaria, incluso en situaciones comunes: al resolver un examen, no importa por donde comencemos, el fin siempre es intentar responder a todas las preguntas o también al arrinconar una habitación, al final debe quedar todo ordenado sin importar por donde comencemos.
Pero esta ley no es absoluta, tiene áreas en las cuales no puede ser aplicada. Cuando se trata de cifras cuyas operaciones matemáticas varían entre sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, existe una gran posibilidad de obtener resultados diferentes o erróneos. En ese caso, sólo podremos resolver la operación si empezamos todo siguiendo un orden específico.
Usando la idea del orden de los factores, permíteme tomar un ejemplo de la biblia aplicable a nuestro diario vivir:
Éxodo 2:11-15, relata la historia de Moisés actuando por sí solo con el fin de liberar a su pueblo. Sin duda, él ya tenía la idea de lograr una independencia, de otra manera no habría tenido la audacia para matar a un soldado egipcio. Pero todo ese movimiento revolucionario se perdió casi de inmediato. Moisés terminó siendo un fugitivo escondido en la tierra de Madián.
Sin embargo, ese sueño que parecía olvidado vuelve a arder nuevamente al tener un encuentro personal con Dios. Éxodo 3, relata el llamamiento de Moisés y de ese punto en adelante, empieza tener éxito en cada paso que realizaba para liberar a su pueblo.
Al final, no solo obtuvieron la libertad, sino que presenciaron el despliegue más grande de poder de Dios que ninguna persona haya visto antes. Egipto quedó saqueado, todos sus soldados murieron, pero del pueblo de Dios no murió ninguno, sino que se fueron con oro y ropas finas.
¿Qué fue lo que ocurrió?
Moisés intentó hacer una revolución usando su propia fuerza y astucia, pronto ese intento fue frustrado y todo quedó en el olvido. Años más tarde, Dios sería quien incluiría Moisés en un plan para liberar a su pueblo. ¿Notaste lo que ocurrió?, El orden de los factores alteró el producto final.
Cuando nos ponemos a nosotros mismos primero, no importa si lo que buscamos es bueno o intentamos aportar al reino de los cielos, lo más probable es que todo salga mal. Pero cuando Dios es primero, siempre habrá una victoria esperando al final.
La Biblia está repleta de historias que hablan de personas ordinarias haciendo cosas extraordinarias, pero el éxito de todas esas hazañas tiene un común denominador: Dios siempre está involucrado dirigiendo la operación.
Hacer las cosas al estilo de Dios muchas veces implica tener paciencia, esperar antes de dar el siguiente paso, incluso renunciar a ciertas cosas. Pero el resultado siempre podrá ser mucho más grande que el que podremos obtener usando nuestras propias fuerzas.
Recuerda hacer todo al estilo de Dios y ponerlo siempre en primer lugar. Él te ayudará a establecer un orden en todos los factores (recursos materiales e intelectuales que tengas) y te guiará para obtener resultados exitosos.
“El Señor dice: Mis ojos están puestos en ti. Yo te daré instrucciones, te daré consejos, te enseñaré el camino que debes seguir.” Salmos 32:8 Versión Dios Habla Hoy. 
 Héctor Colque
   CVCLAVOZ

miércoles, 25 de marzo de 2015

Después de la lluvia


 
Cuentan que Francisco esperaba con entusiasmo el sábado porque su padre le había prometido ir a pescar si el tiempo era bueno.
Una prolongada sequía había secado los campos y jardines, pero aquel sábado por la mañana empezó a llover a cántaros y parecía que la lluvia duraría más de un día.
El muchacho, decepcionado, parecía inconsolable y se acercó a su padre, quien  estaba calentándose y leyendo un buen libro y le dijo:
    - ¿Cuándo será que las cosas se harán bien?Su padre trató de hacerle comprender cuánto necesitaban la lluvia, los campos secos, pero el muchacho insistió:
     - Sabiendo Dios que nosotros tenemos que ir a pescar hoy, podía haber enviado la lluvia otro día.Por la tarde mejoró el tiempo, volvió a salir el sol y su padre lo llevó cerca del lago. Quizás a causa de la reciente lluvia o por alguna otra razón que sólo los peces conocen, éstos mordieron los anzuelos con hambre y padre e hijo llegaron a casa con una buena cesta de pescado.
Aquella noche se le pidió a Francisco que diera las gracias antes de cenar. Después de repetir las palabras de costumbre añadió:
      - Señor, y si murmuré contra ti esta mañana perdóname, pues yo no puedo ver más allá de la nariz, como dice el maestro cuando no acertamos los problemas, pero tú sabes hacer las cosas mejor.Quizás los planes que tenías para tu vida no han estado saliendo como tú deseabas. Probablemente te has visto en la necesidad de postergar aquellas cosas que, bajo otras circunstancias, ya estarían terminadas. Pero Dios tiene otros planes para tu vida y ha mandado lluvia repentina a tu vida.
No desesperes ni te frustres si las cosas no están saliendo como tu querías, el que aún no hayas logrado algo no es síntoma de fracaso ni significa que Dios se ha olvidado de ti o que no escucha tus oraciones; por el contrario, en su infinita misericordia ha trazado un plan mejor para ti y cuando llegue el tiempo de cumplir tus metas, tu pesca será mayor de la que imaginabas.
“…Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman” 1 Corintios 2:9 (NTV)
Confía en que los planes de Dios para tu vida son perfectos porque te ama, quizás la lluvia que ha enviado no dure horas, ni tres días, ni unas pocas semanas, pero puedes estar seguro que este aguacero no sólo beneficiará los campos que tanto la necesitan, sino que cuando cese tu pesca será sorprendente.
 
Ana María Frege Issa
      CVCLAVOZ

martes, 24 de marzo de 2015

Tesoros del Corazón


 
¿Tienes cosas que guardas en el corazón y aún no las has compartido?
Un padre llegó a su trabajo y en su maletín encontró una bolsita que, al parecer, era de su niña de 8 años aproximadamente. En ella había un peine roto, una liga, una pelota, unas piedritas pequeñas; en fin, cosas que aparentemente ya no servían para nada y entonces las botó en el basurero de su trabajo.
Cuando volvió a casa, su hijita corriendo acudió a los brazos de su padre y le preguntó: -Papi, ¿Viste mi bolsita, la que te puse en la maleta? El Padre le preguntó el porqué y ella respondió: es que ahí están mis tesoros, cada una de esas cosas guarda una historia y son lo más preciado que tengo, olvidé ponerte la notita que decía “Papi, te amo y quiero compartir mi tesoro contigo”.
El padre, al ver esto, sintió que su corazón se partía en dos, no tenía ni idea de que su hija tenía tesoros. Así que corrió a buscar en la basura de la oficina para recuperarlos y así escuchar cada historia que contenía esa bolsita.
Muchos de nosotros tenemos cosas que atesoramos, cosas guardadas en el corazón y que no las hemos compartido con nadie, esperando tal vez que aparezca esa persona para poder compartirlas.
Y es que si hay alguien que valora mucho tus tesoros y a quien le importas por completo, es Dios.
Posiblemente vives encerrado en tu mundo y no abres tu corazón para compartir tus miedos, sueños, anhelos, historias guardadas. Él no solo está para ayudarte cuando estás mal o disciplinarte cuando estás en pecado, también es un Padre atento a escuchar todo lo que tu guardas, alguien dispuesto a reír contigo con cada anécdota que tienes y compartir momentos de alegría con cada historia que tú tengas. Dios quiere que lo consideres un Padre, un amigo, alguien en quien puedes confiar para lo que sea.
Comienza a compartir tus tesoros y todo lo que tengas en el corazón, sea bueno o  malo, vergonzoso o no. Dios ya conoce lo que tienes, pero quiere escuchar de ti lo que tienes para contar, Él también quiere escuchar tu voz.
“Señor, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares. No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda.” Salmos 139:1-4 (NVI)
No pierdas el tiempo y comienza a compartir lo que tienes, Dios cuida mejor que nadie tus tesoros y todo lo que tienes en el corazón; hasta el menor detalle de tu vida lo toma en cuenta y valora.
 
Telma Céspedes
    CVCLAVOZ

lunes, 23 de marzo de 2015

Madre rescata a su Hijo de Ataque de cocodrilo

En un día caluroso de verano en el sur de Florida, un niño decidió ir a jugar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz.
Su mamá desde la casa lo miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía.
Oyéndole el niño se alarmó y miró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos. Justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón.
El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba. Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.
Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus piernas. El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se subió las mangas y dijo: “Pero las que usted debe de ver son estas”. Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. “Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida”.
Nosotros también tenemos cicatrices de un pasado doloroso. Algunas son causadas por nuestros errores, pero algunas son la huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal.
Dios te bendiga siempre, y recuerda que si te ha dolido alguna vez el alma, es porque Dios, te ha agarrado demasiado fuerte para que no caigas.
Salmos 63:8 
Está mi alma apegada á ti: Tu diestra me ha sostenido.
Salmos 138:7
Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás: Contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, Y salvaráme tu diestra.
Salmos 139:7-10
¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia? Si subiere á los cielos, allí estás tú: Y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás.
Si tomare las alas del alba, Y habitare en el extremo de la mar,Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra.

domingo, 22 de marzo de 2015

No entiendo por qué fallé

 
Un dolor profundo y decepción  es lo que hay en el corazón de un hijo cuando le falla a su Padre. Siente que ya no hay perdón ni posibilidad alguna de restauración, siente que todo está perdido y que no hay esperanza. ¿Te sientes así?
“Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.” Romanos 7:15,19
En este  pasaje el apóstol Pablo reconoce que es el pecado que mora en nosotros el que nos lleva a caer una y otra vez, incluso exclamó: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Romanos 7:21.
Hay algo que debemos tener en cuenta los hijos de Dios y es que la naturaleza pecaminosa seguirá existiendo en nuestros cuerpos durante toda nuestra vida terrenal. No podemos pensar  que nunca  caeremos en  pecado  porque si pensamos así, con mucha facilidad, nos expondremos al mal y pecaremos. No debemos olvidar que  nuestro cuerpo está en  batalla, entre el Espíritu y la carne, desde el momento mismo en que recibimos a Cristo.
Si has vuelto a caer en pecado y piensas que no hay más perdón para ti, lee las palabras de Jesús: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”. ¿Sabes lo que esto significa? Si esto lo instruye Jesús a los hombres, ¿puedes comprender la magnitud del perdón que Dios tiene para ti?Otra promesa dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9. Además, ten en cuenta lo que hace Jesús por ti.  “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” 1 Juan 2:1
No te quedes ahí, ponte de pie y vuelve a Dios.  Él ha prometido su amor inagotable y  estar contigo cada día de tu vida. Si has tropezado  toma su mano extendida y levántate. Si te siente sucio, ve a Él y arrepiéntete porque está dispuesto a sacudir el polvo de tus vestiduras. Si te sientes indigno, recuerda que ningún ser humano es digno.  Si sientes que no puedes más, díselo a Jesús, Él te comprenderá y ayudará.
No puedo cerrar este devocional sin antes decirte que el pecado trae castigo de parte de Dios, si bien es cierto que eres salvo, también es verdad que puedes sufrir la disciplina del Padre, pues el Señor al que ama disciplina y azota a todo aquel que recibe por hijo, para que no sean condenados juntamente con el mundo.
¡Sigues siendo su hijo, acércate con confianza a tu Padre!
 Diego Jora
    CVCLAVOZ

viernes, 20 de marzo de 2015

¿Es el final?


 
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen…” 2 Corintios 3:18 Versión Reina Valera 1960.
La Voyager es una sonda espacial robótica que fue lanzada desde Cabo Cañaveral el año 1977, con un único fin: fotografiar Júpiter y Saturno. 
La NASA quería aprovechar un evento sin precedentes que solo ocurre dentro de nuestro sistema solar cada 175 años: todos los planetas se alinearían en su trayectoria. Tal evento daría paso a una oportunidad de oro para que la sonda espacial, sea lanzada en línea recta alcanzando a fotografiar sus objetivos sin mayores esfuerzos para maniobrarla.
Gracias a ese suceso y a la astucia de un grupo de científicos, hoy en día tenemos las fotos más extraordinarias de los dos planetas más grandes conocidos por el hombre, incluyendo todas las lunas que los rodean.
Al recibir las imágenes, la NASA daba por terminada la misión y debido a la trayectoria con que fue lanzada la sonda espacial, la Voyager estaba destinada a perderse para siempre en el espacio. Sin embargo, ocurrió algo fascinante.
Aunque ya no encontraría en el espacio interestelar más planetas o satélites, encontró mucho que medir: partículas cargadas, campos magnéticos, rayos cósmicos, ondas de plasma. La supervivencia de la Voyager tan lejos del Sol representaba una oportunidad para el estudio de las condiciones en el espacio abierto.
En febrero de 1990, la sonda espacial dirigió su cámara hacia el interior de nuestro sistema solar y envió una serie de fotografías del sol y sus planetas, un mosaico fotografiado a seis mil millones de kilómetros, en el que la Tierra aparece como un punto del teclado de computadora, apenas visible dentro de un haz de luz gigantesco. La imagen, junto con la famosa fotografía del Planeta desde la luna, es una de las más famosas que hay.
Algo similar pasa en la vida del hombre, por ejemplo, uno anhela casarse y mira ese evento como un final, pero cuando lo alcanza solo se da cuenta que es el principio de una aventura y un reto aún mayor.
Por otro lado, una derrota en cualquier ámbito de nuestra vida, nos deja esa misma sensación de final. Nuestra mente entiende que todo ha terminado.
Los científicos que enviaron la Voyager, creyeron que después de obtener las fotografías que querían la misión acabaría, pero la trayectoria en la que fue lanzada la sonda espacial haría que su trabajo continúe.
La vida cristiana es algo similar, nunca llegará el día en ésta tierra en el que podamos decir: “llegué, misión cumplida” o “Es el final, todo se ha perdido”. Cada meta conseguida es solo el principio de otro reto aún mayor y cada derrota, es solo la oportunidad para empezar de nuevo.  
En triunfos o derrotas, Dios siempre tiene algo mayor por delante, porque uno de sus propósitos es que caminemos de gloria en gloria.
Héctor Colque
      CVCLAVOZ