miércoles, 8 de diciembre de 2010

ACERCANDOME AL REY



Los Dos Días más Importantes de la Semana

Hay dos días en cada semana en los que no nos debemos preocupar.

Dos días que se deben guardar libre de miedo y ansiedad.

Uno de esos días es ayer.

Ayer, con sus equivocaciones y pesares, sus faltas y confusiones, sus dolores, tristezas y deudas pendientes.

Ayer ha pasado para siempre, fuera de nuestro control; y ni el dinero del mundo lo podría cambiar ni una cosa que hayamos hecho, ni podemos borrar una palabra.

Ayer ya pasó.

El otro día sobre el que no debemos preocuparnos es mañana.

Mañana, con sus posibles adversarios, sus problemas, sus promesas grandes y sus pequeños logros. Mañana volverá a salir el sol, ya sea en esplendor o detrás de una máscara de nubes, pero subirá.

Hasta que llegue no tenemos parte en mañana, pues aún no ha nacido. Y solo queda un día: HOY. Cualquiera puede pelear la batalla de un solo día.

Cuando nos cargamos con esos horripilantes: Ayer y Mañana, entonces nos derrumbamos. No es la experiencia de hoy que vuelve locos a los hombres, sino la amarga culpa, algo que sucedió ayer, y el miedo de lo que traerá el mañana. Vivamos pues, tan sólo un día a la vez, para ser inmensamente felices.

Además, con la felicidad del hoy construiremos la felicidad del mañana.

Autor Desconocido

Este es el día aceptable y el Hoy es el reto más grande que tenemos frente a nosotros. Entonces no lo perdamos.

2 Corintios 6:2. En el tiempo propicio te escuché, y en el día de salvación te socorrí. He aquí, ahora es el tiempo propicio; he aquí, ahora es el Día de Salvación.

martes, 7 de diciembre de 2010

ACERCANDOME AL REY



Si Hubiese Sabido…

Si hubiese sabido que sería la última vez que te vería quedarte dormido, te acurrucaría con fuerza y rogaría al Señor que tu alma guardase.

Si hubiese sabido que sería la última vez que te vería salir por la puerta, te daría un abrazo y un beso y te pediría que regresases para darte otro más.

Si hubiese sabido que sería la última vez que te escucharía alzar la voz en adoración, grabaría en video cada acción y palabra para poderlas ver día tras día.

Si hubiese sabido que sería la última vez, me daría un tiempito adicional para hacer un alto y decirte “te amo”, en vez de asumir que sabrías que así es.

Si hubiese sabido que sería la última vez, estaría allí para compartir tu día; bueno, tan seguro estoy de que tendrás tantos más que dejo pasar este.

Porque seguramente siempre hay un mañana para compensar nuestras omisiones, y siempre tenemos una segunda oportunidad para corregir las cosas. Siempre habrá otro día para decir “te amo”, y ciertamente habrá otra oportunidad de decir nuestro “¿Habrá algo que pueda hacer?”

Pero, solo en caso de que me equivoque y hoy sea todo lo que tengo, quisiera decirte cuánto te quiero y espero nunca olvidar. Mañana no está prometido a nadie, ya sea joven o anciano, y hoy pudiese ser la última vez que tenemos para abrazar a nuestros seres queridos.

Así que si estás esperando mañana, ¿por qué no hacerlo hoy? Porque si mañana nunca llega, de seguro lamentarás el día que no tomaste el tiempo adicional para una sonrisa, un abrazo, o un beso y que estuviste demasiado ocupado para darle a alguien lo que resultó ser su último deseo.

Así que aferrémonos a nuestros seres queridos hoy y susurrémosles al oído cuánto les amamos y que siempre lo haremos. Tomemos tiempo para decir “lo siento”, “perdóname”, “gracias” ó “está bien”. Y si mañana nunca llega, no tendremos remordimientos acerca de hoy.

Romanos 12:10.Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

1 Pedro 1:22.Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro

lunes, 6 de diciembre de 2010

ACERCANDOME AL REY



El Secreto de la Felicidad


El anciano ingresó lentamente en el restaurante. Con la cabeza inclinada y los hombros inclinados hacia delante, se apoyaba en su confiable bastón con cada pisada lenta.

Su desaliñado abrigo de tela, pantalones parchados, zapatos desgastados, y cálida personalidad le hacían sobresalir en medio de la acostumbrada multitud de quienes desayunaban el sábado en la mañana. Inolvidables eran sus pálidos ojos azules que centelleaban como diamantes, grandes y rosadas mejillas, y labios delgados mantenidos en una cerrada y firme sonrisa.

Se detuvo, volteó todo su cuerpo y guiñó el ojo a una niñita sentada junto a la puerta. Ella le devolvió una gran sonrisa. Una joven mesera llamada María le vio dirigirse hacia la mesa junto a la ventana. María corrió hacia él y le dijo: “Aquí, Señor. Permítame ayudarle con esa silla”.

Sin decir palabra, él sonrió y agradeció con la cabeza. Ella alejó la silla de la mesa y, afirmándolo con un brazo, le ayudó a colocarse frente a la silla y a sentarse cómodamente. Entonces, ella le acercó la mesa y colocó su bastón contra ella donde él pudiese alcanzarla.

Con una suave y clara voz, él dijo: “Gracias, Señorita. Y que Dios la bendiga por su bondadoso gesto”. “Gracias, Señor”, contestó ella. “Y mi nombre es María. Vuelvo en un momento y, si necesita algo entretanto, ¡tan sólo hágame señas!”

Tras de terminar su generosa porción de panqueques, tocino y té de limón caliente, María le trajo el cambio de su cuenta. Él la dejó en la mesa. Ella lo ayudó a levantarse de su silla y de detrás de la mesa, le dio su bastón y le acompañó a la puerta principal. Manteniendo la puerta abierta para él, ella le dijo: “¡Le esperamos de vuelta, Señor!” Se volteó con todo su cuerpo, gesticuló una sonrisa y cabeceó agradecido. “Ud. es muy bondadosa”, dijo suavemente.

Cuando María fue a limpiar su mesa, casi se desmayó. Debajo de su plato, ella halló una tarjeta de presentación con una notita escrita en una servilleta. Bajo la servilleta había un billete de cien dólares. La nota en la servilleta decía: “Querida María, la respeto mucho y Ud. se respeta a sí misma también. Es evidente por la manera en que trata a los demás. Ud. ha hallado el secreto de la felicidad. Sus gestos bondadosos brillarán a través de los que le conozcan”.

El hombre que ella había atendido era el dueño del restaurante en el que laboraba. Esta fue la primera vez que ella o alguno de sus empleados lo habían visto en persona.

Nota del Autor: Esta historia se basa en hechos verídicos experimentados por un amigo de St. Paul, Minnesota. La nota cita las palabras exactas en una servilleta que ella ha guardado en su álbum de fotos por quince años.

Steve Brunkhorst, copyright 2004
No sabemos con quién podemos encontrarnos. Una sorpresa podría esperarnos. Demos hoy una sonrisa porque la sorpresa te espera en la esquina.

Bienaventurados los que guardan sus testimonios, Y con todo el corazón le buscan. Salmo 119:12

Ahora, pues, hijos, oídme, Y bienaventurados los que guardan mis caminos. Proverbios 8:32

domingo, 5 de diciembre de 2010

ACERCANDOME AL REY



¿Cómo lo sabrás?


¿Cómo lo podrás conocer si no pasas por ahí?

· Si nunca has estado enfermo, ¿cómo lo conocerás como el sanador?
· Si nunca has tenido dificultades, ¿cómo lo conocerás como Liberador?
· Si nunca has pasado por pruebas, ¿cómo lo conocerás como el Consolador?
· Si nunca ha cometido errores, ¿cómo lo conocerás como el Perdonador?
· Si lo sabes todo ¿cómo lo conocerás como el que tiene todas las respuestas?
· Si nunca has estado en turbación, ¿cómo lo conocerás como el que rescata?
· Si nunca has visto tu vida hecha pedazos, ¿cómo lo conocerás como quien te hace completo?
· Si nunca has tenido un problema, ¿cómo lo conocerás como quién tiene soluciones?
· Si nunca has conocido el sufrimiento, ¿cómo lo conocerás como el que paso por sufrimiento?
· Si nunca has pasado por el fuego, ¿cómo lo conocerás como el purificador?
· Si tienes todas las cosas, ¿como las podrías apreciar?

· Finalmente Dios te dice: “Si nunca te corrijo, ¿cómo sabrás que te amo?
· Si te doy todo el poder entonces ¿cómo aprenderías a depender de mí?
· Si tu vida fuera perfecta, entonces no necesitarías de mi.

El Señor está a tu lado por que te ama y está muy interesado en que aprendas cada lección en tu vida.

Hoy, nuevas cosas serán enseñadas. No pierdas ni una de ella.

Proverbios 4:2. Yo, como maestro, les doy este buen consejo: no abandonen sus enseñanzas.

Proverbios 5:3. No atendí a la voz de mis maestros, ni presté oído a mis instructores.

Isaías 30:20.Aunque el Señor te dé pan de adversidad y agua de aflicción, tu maestro no se esconderá más; con tus propios ojos lo verás.

sábado, 4 de diciembre de 2010

ACERCANDOME AL REY



Hoy…Tú Producirás En Mi Paciencia.

Sabiendo que la tribulación produce paciencia. Romanos 5:3.

Esta es una promesa no de hecho, sino de forma.

La paciencia nos es necesaria y tenemos los medios para alcanzarla.

Sólo por medio del sufrimiento aprendemos a sufrir, como nadando aprendemos a nadar.

No podríamos aprender este arte en tierra firme, como tampoco podemos aprender la virtud de la paciencia sin tribulación.

¿No vale la pena sufrir la tribulación para poder ganar esta serenidad de alma, que tranquilamente se somete a la voluntad de Dios?
Sin embargo, nuestro versículo establece un principio que es contrario a la ley natural. La contradicción, por sí misma, produce irritación, incredulidad y rebelión.

La paciencia se produce en nosotros por la alquimia sagrada de la gracia.

No trillamos el trigo para levantar polvo; pero en la era de Dios, así lo hace el trillo de la tribulación.

No lanzamos a un hombre de aquí para allá para que descanse; sin embargo, así hace Dios con sus hijos.

En verdad, no obran así los hombres, pero redunda en gloria de nuestro sapientísimo Dios.

¡Ojalá pueda ser bendecido en mis pruebas!

¿Por qué me he de oponer a la obra de la gracia?

Hoy es una gran oportunidad la que tengo para aprender paciencia a través de los momentos difíciles.

Señor, te pido que quites mi aflicción, pero diez veces más te ruego que quites mi impaciencia.

Salvador precioso, graba con tu cruz en mi corazón la imagen de tu paciencia.

Amén.


Charles Spurgeon.
Libro De Cheques Del Banco De La Fe

viernes, 3 de diciembre de 2010

ACERCANDOME AL REY



Hoy… Estoy Listo A Ofrecerme A Él.

Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder. Salmos 110:3.

¡Bendito sea el Dios de gracia!

Tiene un pueblo al que escogió en otro tiempo para que fuese su particular heredad. Por naturaleza los hijos de este pueblo tienen una voluntad tan rebelde como los demás hijos de Adán; mas cuando Dios manifiesta su poder, o cuando despliega su omnipotencia, dispone su corazón al arrepentimiento y a creer en Jesús.

Nadie se salva contra su voluntad.

¡Poder maravilloso es éste que nunca fuerza la voluntad, sino que la abre con llave maestra que Él sólo sabe manejar.

Ahora estamos dispuestos a ser, obrar o sufrir lo que el Señor quiera.

Si nos vemos tentados a rebelarnos, con sólo venir Él, podremos correr por el camino de sus mandamientos con todo nuestro corazón.

Que en este día, mi voluntad esté dispuesta a realizar un generoso esfuerzo para la gloria de Dios y el bien de mis semejantes.

Señor, heme aquí; sea hoy el día de tu poder.

Estoy enteramente a tu disposición, deseoso de que te sirvas de mí para tus designios sacrosantos.

Que nunca me vea obligado a exclamar: «tengo el querer, mas el efectuar el bien no lo alcanzo».

Dame el poder como me das la voluntad.

Amén.

Charles Spurgeon.
Libro De Cheques Del Banco De La Fe.

jueves, 2 de diciembre de 2010

ACERCANDOME AL REY



No Quiero Llorar.

No quiero llorar”, dice mi bella amiga, “pero mi fe es chiquita y no puedo ver más allá de mi nariz…”

Jesús esboza una sonrisa de ternura y toma en sus brazos a Cristina la sienta en sus piernas y le dice:
¿Por qué no has de llorar? ¿No soy tu Padre, tu amigo, tu Consuelo?
¿Cómo podrá el Espíritu Santo consolarte si no lloras y le dices lo que sientes?
Cristi se queda meditando un rato: -Es que acaso Él no lo sabes?

-¡Claro que lo sé!, dice Jesús acariciando los cabellos de la hermosa criatura, hija de su amor a quien tanto ama–… No obstante, por bien tuyo, necesitas venir a tu alcoba, encerrarte en intimidad y entre tú y Yo…entregarme tus cargas… ¡todas!

Así como puedes decirle a una amiga terrenal lo que llevas en tu corazón el peso de tu alma, puedes venir Conmigo y decírmelo así:
¡Me duele esta espera! ¡Me es tan difícil creer!
¡Cada vez veo a mi esposo más lejos de tu alcance!!! Y soltarte a llorar…

La fe que te pido es que creas que estoy a tu lado, que te amo, que soy tu amigo, que quiero enjugar tus lágrimas…

La fe que mueve montañas es tu corazón cercano al mío, porque quita la religiosidad, el peso de hacerte creer que tienes que hacer obras buenas
para que yo te ame o te escuche.
Tu corazón cercano al mío mueve la montaña, el velo que nos separaba…
¡Te hace conocerme y hace que crezca tu confianza!!

Tu corazón cercano al mío, en esa intimidad donde puedas decirme todo lo que sientes, lo que piensas tus dudas, tus dolores:
Jesús… creo que no me escuchas
Jesús… ¡estarás enojado conmigo porque no creo!
Jesús… ¿en qué estoy fallando?

Ven, Cristi, le dice el Señor a su amada y la reposa en su pecho.
Las lágrimas de la dulce mujer comienzan a rodar y en poco tiempo está dejando que su llanto corra como un río…

Y es entonces cuando puede sentir claramente el calor del Padre Celestial…
porque Él está cercano a los de corazón contrito y su Espíritu Santo comienza a moverse para sanar el corazón quebrantado…

Y la comunión entre Cristi y Jesús se hace más fuerte, ¡ahora lo conoce ella de una nueva manera!
Conoce su ternura y entiende que no necesita ser perfecta para ser amada
y entrar con toda confianza al trono de la gracia para llorar, para reír
para cantar, para ser escuchada…

Los guerreros fuertes son los que han sabido ser humildes para dejar que les traten las heridas, para dejarse abrazar y seguir adelante.

David lloró con su pueblo hasta que no le quedaron fuerzas y el Señor lo fortaleció de nuevo… David se fortaleció en Él.

David no sintió vergüenza alguna en saltar y danzar delante del Padre…
aunque las criadas lo veían y su esposa lo menospreció…
Y tampoco sintió vergüenza de llorar ante el Señor con todo el pueblo, con esos que en ese momento hablaban de apedrearle…
¡Y se fortaleció en el Señor!

Ésa es la intimidad, la comunión que el Padre busca con nosotros, querida amiga. Quiere que estemos con Él en nuestros momentos altos y también en los bajos. Para Él lo mismo son las tinieblas que la luz… ¡Él sabe encontrarnos y nos ama! Jamás nos pidió nada antes para amarnos… Él nos amó primero… Así que… anda… ve a tu alcoba y allí, con Él
derrama tu corazón y llora, ríe, grita, reclama, calla, espera… entrega…

Y entonces le conocerás de una nueva manera y tu corazón hallará calma.
Porque le entregaste tu yugo y a cambio te dará el suyo que es ligero y tendrá reposo tu alma!!!


Pastora Rosa Amelia Díaz
CENTRO CRISTIANO VIDA ABUNDANTE