sábado, 6 de marzo de 2010

ACERCANDOME AL REY



Hoy… El Señor Estará Conmigo.

él le respondió: ve porque yo estaré contigo. Éxodo 3:12

Es evidente que si Dios confió a Moisés una comisión, no le dejaría solo.
Ante el riesgo que iba a correr y la fortaleza que le era necesaria para cumplir su cometido, sería ridículo que Dios enviara un pobre hebreo para que se enfrentara con el más poderoso monarca de la tierra y le dejara solo en su empresa.
No es concebible que la sabiduría de Dios opusiera un hombre débil como Moisés a Faraón con todo el poderío de Egipto.
Por eso dice el Señor: «Yo estaré contigo», para darle a entender que no iba solo.
También conmigo sucederá lo mismo.
Si Dios me confía una misión, confiando plenamente en su poder y buscando únicamente su gloria, tendré la seguridad de que Él estará conmigo.
Por el mero hecho de enviarme, está obligado a favorecerme. ¿No es esto suficiente? ¿Qué más puedo desear? Aun contando con el poder de sus ángeles y arcángeles, podría sucumbir en la demanda, mas si Él está conmigo, ciertamente saldré victorioso.
Lo único que se me exige es que yo obre en consecuencia con esta promesa, que no emprenda el camino con timidez, desanimado, negligente o henchido de orgullo.
¡Tal es la conducta que debe observar una persona que tiene a Dios en su compañía!
Así amparado, debo caminar con valentía y, como Moisés, presentarme sin temor delante de Faraón.
Hoy, Se que la promesa de su compañía va por encima de cualquier otra expectativa que podría llenarme.

Dios es el mejor compañero de Camino. Como acompaño a los discípulos camino a Emmaús lo está haciendo conmigo en este momento. Y eso me da su paz.
Señor, Gracias por sostenerme en medio del camino. Gracias por darme tu compañía como un maravilloso regalo. EN este día al acercarme a tu altar, me acerco con un corazón agradecido porque reconozco la belleza de tu compañía. Amén.

Charles Spurgeon.
Libro de Cheques Del Banco De La Fe.

ACERCANDOME AL REY



Soy Realmente Feliz?

Si uno es, o no, realmente feliz, es una de las preguntas que el ser humano suele plantearse en algún momento de la vida.

La palabra felicidad proviene del término feliz y esto quiere decir alegre, contento, satisfecho.

Es el estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien material, afectivo o espiritual.

Si se desglosa la palabra felicidad, por un lado, se deduce que “fe” es la esperanza y confianza en lo que está por venir. Por el otro, “licidad” proviene de lícito, lo justo y razonable.

“Algunas concepciones sostienen que la felicidad implica la ausencia de dolor, depresión, ansiedad u otros estados físicos o emocionales. Pero esto nos aleja de la búsqueda, ya que implica la evitación de ciertos estados”.

Una de las desventajas de esta idea es que los trastornos en las emociones, las desilusiones y frustraciones constituyen una parte inevitable de la vida, de manera que intentar escapar de lo inevitable sólo intensificará la frustración.

“Esto puede conducir a reproches y, en consecuencia, a un aumento de la infelicidad”.

Al definir felicidad como un estado de satisfacción, realización o logros, de inmediato solemos preguntarnos: “¿Soy realmente feliz?”.

“Para responder a esta pregunta podemos tener en cuenta que la felicidad es una consecuencia de otras actividades, como pueden ser los roles que desempeñamos a lo largo de nuestra vida”.

“Es decir, la felicidad, por sí misma, no existe, sino que es una consecuencia de una vida con sentido, con dirección, con metas y objetivos”.

La felicidad no se reduce a hacer lo que nos gusta sino en gustar de lo que hacemos.

“La acción no siempre trae felicidad, pero no hay felicidad sin acción. Es decir, la felicidad se alcanza con esfuerzo, constancia, dedicación. Todo proceso requiere de perseverancia y esfuerzo”.

Por ejemplo, el nacimiento de un hijo. “Es hermoso y trae mucha felicidad pero también su crianza y educación requerirá esfuerzo y postergación”.
“Lograr un título, recibirse, también implica mucha felicidad pero, en pos de este objetivo, en el camino se dejan de lado cosas, noches sin dormir, nervios, etc”.

La felicidad es generalmente transitoria, no un estado final y duradero al que se puede arribar.

“Así es que no es producida por grandes momentos de éxito, sino por pequeñas cosas que nos suceden día a día, que nos confirman que estamos en el camino correcto”.

Para ello se recomienda hacer una evaluación de nuestro día y semana.
“Qué pensamos, qué hacemos, qué sentimos frecuentemente… La felicidad es la confianza en lo está por venir y el éxito es el resultado. Por ende, tenemos que buscarla”.

Ahora bien, ¿cómo se hace?

“Encontrándole sentido a nuestro actuar, a nuestro vivir diario. Para saber hacia dónde vamos y qué camino tomar, el termómetro a tener en cuenta es si, volviendo a nacer, elegiríamos lo que hoy somos/”.
“Cuando hablamos de sentido es conveniente pensarlo en qué razón tiene lo que nos sucede, no quedarnos en el porqué de lo que nos ocurre, sino para qué, cuál es el propósito de lo que hoy nos toca vivir.

En qué consiste.

“La felicidad implica reconocer el bien que tengo, como puede ser el amor, el dinero, el conocimiento, la salud y desear un bien. Tiene que ver con tener un propósito, es estar direccionado, es tener orientación, visión y metas a cumplir.

“Encontrar nuestra misión en esta vida implica comenzar una búsqueda, poder conectarnos con nuestra esencia, con lo más profundo de nuestro ser, donde podamos restaurar lo dañado y amarnos sin condiciones”.

Así como el amor empieza por casa, la felicidad también comienza por casa.
“Nuestra casa somos nosotros mismos. De nosotros va a partir todo lo que construyamos, los vínculos que tengamos o que deseemos tener, como la pareja, la familia, el trabajo, los hijos, amigos, etcétera”.

Cuestionamientos.

Sobre por qué puede haber personas que tengan todo para ser felices pero no se sienten de esa manera, tiene que ver con la falta de reconocimiento y valorización de los bienes.

“La felicidad no depende de los que nos rodean. Nadie puede darnos lo que no tenemos: depende de cada uno poder encontrar lo que nos hace plenos y felices cada día de nuestra vida”.

“No es cosa de otros hacernos felices sino que depende de cada uno buscar lo que hace que podamos sentirnos de esa manera”.

La felicidad no se reduce en hacer lo que nos gusta, sino en gustar de lo que hacemos. La acción no siempre trae felicidad, pero no hay felicidad sin acción. Es decir, se alcanza con esfuerzo, constancia y dedicación.

La felicidad no es el resultado de grandes momentos de éxito, sino de pequeñas cosas que nos suceden, día a día, que nos confirman que estamos en el camino correcto.

Psicóloga Karina Soledad Kees.

viernes, 5 de marzo de 2010

ACERCANDOME AL REY



Encontrarla Allí

Cada año, mi cumpleaños seguía el mismo ritual. Mi madre venía a verme, aquel día de otoño y cuando abría la puerta la encontraba parada en el umbral sobre un montón de hojas secas que el viento arrastraba hasta la grada.

Por lo general era un día frío, y ella siempre se presentaba con un regalo de cumpleaños debajo del brazo, algo pequeño precioso que hacía tiempo necesitaba, algo que no sabía que me hacía falta.

Entonces abría el regalo con gran cuidado, y luego lo guardaba junto con mis tesoros más preciados, pues para mí los obsequios frágiles son aquéllos que vienen de la mano de una madre.

Si mamá pudiera visitarme hoy en mi cumpleaños, la traería al calor de la cocina, tomaríamos una taza de té y contemplaríamos las hojas chocar con la fuerza del viento contra nuestra ventana.

No tendría prisa en desenvolver mi regalo, porque hoy sabría que ya lo había abierto al verla en el umbral de la puerta con su dulce y amorosa sonrisa, parada sobre un montón de hojas secas…

Exodo 20:12
Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da.

jueves, 4 de marzo de 2010

ACERCANDOME AL REY



Fortalece Tu Voluntad Y Se Valiente.

Dios nos ha dotado de un cuerpo, alma y espíritu. El alma está compuesta por la mente, las emociones y la voluntad. La mente se alimenta de las ideas, el conocimiento para desarrollar la inteligencia. Las emociones pueden ser positivas o negativas, desde una simple sorpresa hasta la ira, de felicidad o de odio, miedo o valentía. En tanto que la voluntad juega un papel sumamente importante, su participación determinará nuestro éxito o nuestro fracaso en la vida.

Fortalecer la voluntad requiere de determinación, perseverancia, no darse por vencido. Exigirse a si mismo aquello que se ha propuesto realizar. El levantarse a cierta hora por la mañana, o cumplir una meta, realizar una carrera profesional, leer un libro completo. Seguir rigurosamente un régimen alimenticio. Retirarse de determinadas compañías que no edifican. Proponerse a incorporar nuevo vocabulario a su léxico. Cambiar de hábitos. Realizar ejercicio. Etc.

Cuando la mente, las emociones y la voluntad trabajan juntas, forman un equipo poderoso. Ya que la mente sugiere, la emoción anima y la voluntad empuja. Si la mente sugiere estudiar con ahínco, la emoción acelera la adrenalina, en tanto que la voluntad se encarga de impulsar los motores. Caso contrario; la mente sugiere estudiar, la emoción dice ¡!si!! pero la voluntad contesta “mañana”. La voluntad no fortalecida puede ser lo suficientemente persuasiva para retirarte de tu propósito.

No en balde la Palabra de Dios nos demanda fortalecer la voluntad, porque será la que nos ayude a vencer en los momentos de debilidad.

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, nos da claro ejemplo de la urgente necesidad de perseverar en el ejercicio del músculo de la voluntad.
Una vez desarrollado se verá fortalecido, lo cual producirá sintomáticamente valentía al saberse “equipado”.

Eclesiastes. 2.2. Fortalece tu voluntad y sé valiente, para no acobardarte cuando llegue la calamidad.

Psic. Patricia Villanueva
“VIDA DE ÉXITO EN SU PALABRA”

miércoles, 3 de marzo de 2010

ACERCANDOME AL REY



La Flor de la Honestidad

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en un Reino lejano, un Príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado Rey, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe, pero pensaba que su hija no estaría a la altura del desafío. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración.

Sin poder creerlo le preguntó: “¿Hija mía, qué vas a hacer allá?

Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza, sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura”.

Y la hija respondió: “No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Todo parece indicar que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca de mi amado Príncipe. Esto me hará feliz”

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el Príncipe anunció el desafío: “Daré a cada una de ustedes una semilla, aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses, será escogida por mí, esposa y futura Reina”.

La propuesta del Príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, además de las costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, pero cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado.

Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del Príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas, tamaños y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.

Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa.

Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el Príncipe explicó: “Ésta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en mi Esposa y Reina: La flor de la honestidad, todas las semillas que entregué eran estériles”.

Maravilloso relato, ¿no?. En tiempos donde lo importante parecen ser los resultados, los logros, el éxito, lo visible, cultivar el valor de la honestidad parece un valor perdido, el cual casi hemos olvidado, somos capaces de inventar los más variados argumentos para excusarnos, por no decir me equivoqué, para ser humildes y reconocer que otros tienen la razón, o para decir no sé acerca de esto.

Opinamos sobre todo, juzgamos a todos… La “viveza”, hoy en día comparada con la habilidad, se ha convertido en un valor, encubriendo la mentira, el engaño, la falta de honestidad para con nosotros mismos y los demás. La verdad, la sinceridad, la humildad… no son virtudes exacerbadas en las comiquitas para niños, ni en las publicidades para adultos.

Nuestra sociedad ha confundido el significado de la palabra ÉXITO.

Si he terminado mi día siendo leal a mí mismo, sin traicionar mis creencias, mis sentimientos y apegándome a los principios expuestos por el Dios al cual digo servir, para quedar bien u obtener resultados… ése ha sido un día de éxito. Puedes hacer de este, un día exitoso… De ti depende.”

1 Timoteo 2:2
Vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.


1 Corintios 7:35
Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor.

martes, 2 de marzo de 2010

ACERCANDOME AL REY



¿Hay Esperanza para Mí?

“Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor” 1 Corintios 13:13 (NVI)

Hay un dicho popular que dice: “La esperanza es lo último que se pierde”, sin embargo lo que he podido notar en muchas personas que lo primero que pierden es la esperanza. Hablar de la esperanza es hablar del futuro, es hablar de los sueños que nos gustaría ver realizados en nuestra vida.

En los tiempo que vivimos hoy todos necesitamos que nos inyecten una dosis de esperanza, sin ella la vida se nos hace cuesta arriba como también se nos puede ir cuesta abajo. ¿Alguna vez se preguntó hay esperanza para mi? o ¿Hay esperanza para mi matrimonio? ¿Cómo puedo obtener esperanza?

Puedo responderte que si estas leyendo esta reflexión es que hay esperanza para ti, la esperanza está dentro de ti y puedes obtenerla en primer lugar confiando en Dios y en cada una de sus promesas. El es fiel y quiere lo mejor para tu vida. Tú no vives de casualidad, tú vives porque El te creó con un propósito.

Muchas personas al vivir sin propósito han perdido la esperanza y esto trae como consecuencia que pierdan sus sueños. Al no tener un propósito claro y definido se engendra una falta de esperanza. Y es muy diferente cuando conoces tu propósito, porque tienes enfoque, disfrutas el presente y caminas hacia tu destino. Conocer tu propósito te da esperanza, produce fe y aumenta la confianza. Desconocerlo produce angustia, incertidumbre, falta de fe. ¿Conoces tu propósito?

Lo otro que necesitas para obtener esperanza es cambiar de actitud. Tú puedes elegir con que actitud quieres vivir con una de quejas o con una actitud de acción de gracias. Mucho de la actitud que tenemos en nuestra vida depende de como alimentamos nuestro espíritu y nuestra mente. Si constantemente estoy escuchando o leyendo cosas negativas lo más probable es que reaccione negativamente. En cambio si leo o escucho cosas positivas mis reacciones serán positivas.

“La vida es 10% de las cosas que me pasan y 90% de como reacciono ante ellas” Chuck Swindoll

Una actitud positiva trae expectativas positivas y esto brinda esperanza. ¿Cuál es tu actitud ante la vida?

Ahora no es solamente conocer el propósito, desarrollar una buena actitud, también es importante controlar las palabras que decimos. Hay un poder en cada de las palabras que nos decimos a nosotros mismos. De tu boca solo pueden salir dos clases de palabras: bendición y maldición, no hay término medio. Lo que nos decimos a nosotros mismos a su tiempo se convierte en realidad, no los creemos. Es importante que puedas hablarte a ti mismo como un ganador, que te hables a ti como un vencedor o como Dios dice que tu eres. Las palabras que te digas crearan esperanza o desesperanza. ¿Cuáles son las palabras que mas te dices?

“…En tu palabra he puesto mi esperanza.” Salmo 119:81b (NVI)

Por último para obtener esperanza debes actuar en fe. Santiago nos recuerda que la fe sin obras es muerta. Si no tomas acción en tu vida nada va a suceder, tienes que moverte en dirección hacia lo que quieres lograr. Cada día debes avanzar, no te detengas en la búsqueda de la felicidad, si crees debes actuar. ¿Qué pasos debo dar para salvar mi matrimonio? ¿Qué pasos necesito hacer para alcanzar mis sueños?
La vida es un viaje donde todos los días estamos aprendiendo y cuando aprendo crezco, y cuando crezco disfruto la vida. Hoy es un buen día para desarrollar esperanza, para retomar esos sueños y cumplirlos. Tu pasado no determina tu futuro. Tus fracasos no determinan tu destino. No dejes que las circunstancias te detengan, tampoco dejes que las excusas gobiernen tu vida.

Atrévete a cambiar, a soltar el pasado por un futuro mejor. Haz que brille la esperanza en tu vida. Hoy es el mejor día.

En amor y esperanza,

Pedro Sifontes

lunes, 1 de marzo de 2010

ACERCANDOME AL REY




Hoy… El Señor Me Librará Del Filisteo.

Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. 1 Samuel 17:37.

Si solamente nos fijamos en las palabras, no veremos una promesa; sin embargo, lo es en realidad, porque David pronunció palabras que el Señor confirmó haciéndolas
efectivas.
De liberaciones pasadas dedujo él que podría recibir socorro en el peligro presente. En Jesús, todas las promesas son Sí y Amén para que el Señor sea glorificado por nosotros.
Dios obra todavía con su pueblo como lo hizo en el pasado.
Venid, pues, y recordemos las misericordias del Señor en otro tiempo.
En vano hubiéramos soñado en otra época vernos libres por nuestras propias fuerzas; empero el Señor nos liberó.
¿Y no podrá liberarnos nuevamente?
Sin duda alguna lo hará.
Así como David salió al encuentro de su enemigo, del mismo modo debemos salir nosotros.
El Señor que estuvo con nosotros, está también ahora.
Él ha dicho: «No te desampararé ni te dejaré».
¿Por qué temblamos?
Lo pasado, ¿fue un sueño?
Pensad en el oso y en el león muertos. ¿Quién es este filisteo?
No se trata aquí ciertamente ni de un oso ni de un león; pero Dios es el mismo y su honor está comprometido tanto en un caso como en otro.
No nos salvó de las bestias del campo para que nos matase un gigante.
Tengamos valor y no desmayemos.
Hoy se que muchos gigantes me rodearan pero todos ellos caerá. Sea el gigante de la tentación, o de la deuda o de la infidelidad. Todos Caerán ante el Señor.

Señor aca estoy ante ti y esperando en ti. Así como estuviste en el Pasado, estarás hoy para vencer los gigantes de mi vida. Amén.

Charles Spurgeon.
Libro De Cheques del Banco De La Fe.